Ayer el petróleo volvió a iniciar la sesión con subidas, tal y como anticipábamos. El día anterior había intentado romper la barrera de los 85 dólares por barril en el caso del Brent, pero no logró superarla y terminó cerrando prácticamente plano. Sin embargo, ayer sí consiguió consolidarse en ese nivel y, con la ligera subida de hoy, comienza a superarlo con mayor claridad.
Para entender por qué este movimiento preocupa al mercado, conviene recordar la relación básica entre petróleo y economía. Cuando el precio del crudo sube de forma persistente, las economías suelen enfrentarse a un doble efecto: menor crecimiento y mayor inflación. En los mercados financieros esto suele reflejarse en caídas de las acciones y subidas de los tipos de interés, lo que implica también descensos en el precio de los bonos.
Además, el impacto no es igual en todas las economías. Europa depende más de la industria y de la energía importada que Estados Unidos. Por eso, cuando el petróleo sube, la economía europea suele resentirse más, algo que termina reflejándose con mayor intensidad en sus mercados bursátiles y de deuda.
Ayer Bank of America publicó un informe respondiendo a varias preguntas que se hacen muchos inversores. Una de ellas era cómo afectaría una subida del petróleo a la economía estadounidense. Su estimación es clara: por cada aumento de 10 dólares en el barril, el PCE, uno de los indicadores de inflación preferidos por la Reserva Federal, subiría alrededor de un 0,1%, mientras que el PIB caería aproximadamente un 0,1%.
Aunque estas cifras se refieren a Estados Unidos, es razonable pensar que en Europa el impacto sería similar o incluso mayor, especialmente en economías industriales como Alemania. Por eso el mercado sigue tan de cerca al petróleo: cuanto más suba, mayor será el riesgo de entrar en un escenario de estanflación, es decir, bajo crecimiento con inflación elevada.
Otro activo clave es el dólar. El índice dólar, que agrupa las seis principales divisas frente al dólar ponderadas por su peso comercial, subió con fuerza tras el estallido de la guerra y llegó a acercarse a la zona de los 100 puntos. Sin embargo, ese nivel ya ha actuado como resistencia en varias ocasiones durante los últimos meses, lo que ha frenado nuevos avances.
Esto abre otra pregunta importante: qué ocurrirá con el dólar si el conflicto se prolonga. Muchos inversores esperan que se fortalezca al actuar como activo refugio cuando caen las acciones y los bonos. Sin embargo, los conflictos también implican más gasto en defensa, lo que aumenta el déficit y obliga al Tesoro estadounidense a emitir más deuda. Si esa emisión crece demasiado, podrían reaparecer dudas sobre una posible sobreoferta de bonos del Tesoro, algo que también podría presionar al dólar.
Además, hoy ha surgido otra noticia relevante. Según algunas informaciones, Donald Trump estaría considerando intervenir el mercado de futuros del petróleo. Aún no se sabe cómo podría hacerse, pero la experiencia muestra que este tipo de intervenciones rara vez funciona bien y suele generar distorsiones mayores.
Por ahora, las bolsas europeas suben con cierta fuerza, mientras los futuros estadounidenses cotizan prácticamente planos. En renta fija, los tipos repuntan ligeramente en Europa y se mantienen estables en Estados Unidos. Además, el mercado seguirá muy atento tanto a las noticias sobre Irán como al dato mensual de empleo en Estados Unidos, uno de los indicadores macroeconómicos más vigilados por los inversores globales hoy en día.
En definitiva, el mercado sigue atrapado entre el riesgo energético, la incertidumbre geopolítica y las decisiones de política económica, factores que probablemente mantendrán la volatilidad elevada en las próximas semanas también.
