Ayer, los mercados volvieron a girar en torno a un único factor: la fragilidad de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y su impacto en el petróleo, la inflación y los tipos. La sesión comenzó con cierta estabilidad, pero se deterioró a medida que crecían las dudas sobre la participación de Irán en nuevas conversaciones en Islamabad y sobre la solidez del alto el fuego. Teherán reiteró que solo negociará si Washington abandona su política de presión, incluido el bloqueo naval y la incautación del buque Touska.
El resultado fue una jornada volátil, con los activos de riesgo incapaces de sostener las subidas iniciales. Wall Street cerró en negativo: el Dow Jones cayó un 0,59%, el S&P 500 un 0,63% y el Nasdaq un 0,59%. Las caídas no fueron severas, pero reflejan que el mercado no descuenta una solución diplomática sin señales claras.
El petróleo volvió a marcar el pulso. El Brent subió un 3,14% hasta 98,48 dólares por barril y el WTI un 2,81% hasta 92,13 dólares. Más que el nivel, importa el contexto: mientras el estrecho de Ormuz siga bajo tensión, el mercado seguirá incorporando una prima de riesgo elevada.
En Europa, el impacto fue mayor. El Stoxx 600 cayó un 0,9%, el CAC 40 y el FTSE 100 un 1,1%, y el DAX un 0,6%. Europa es especialmente vulnerable a un shock energético prolongado, tanto por costes como por su impacto en inflación y tipos del BCE. El sector energético fue de los pocos en positivo.
En España, el Ibex 35 cedió cerca de un 0,6%, tras haber cotizado en positivo gran parte del día. El giro vino por la debilidad de los bancos y el encarecimiento del crudo. Repsol subió un 2,7%, mientras las entidades financieras lideraron las caídas, reflejando un mercado en rotación más que en huida del riesgo.
En renta fija, el mensaje fue claro. El Treasury a 10 años subió al 4,313% y el bono a 2 años al 3,802%, lo que indica que el mercado vuelve a cuestionar los recortes de tipos, no por fortaleza económica, sino por el riesgo inflacionista ligado a la energía.
Ese riesgo se vio reforzado por las ventas minoristas en EE. UU., que crecieron un 1,7% en marzo, por encima de lo esperado. Sin embargo, el aumento se concentró en gasolineras (+15,5%), lo que distorsiona la lectura. El dato sugiere más crecimiento a corto plazo, pero menos margen para una Fed acomodaticia.
El dólar se fortaleció y el oro cayó con fuerza. El índice dólar subió un 0,48%, el euro bajó a 1,1723 dólares y el oro retrocedió un 2,95%. Este movimiento responde a mayores rentabilidades reales y a la fortaleza del dólar, incluso en un entorno geopolítico incierto.
En política monetaria, destacó la intervención de Kevin Warsh, candidato de Trump para presidir la Fed, quien defendió un “cambio de régimen” en el banco central. Más allá del nombramiento, el foco está en la credibilidad de la Fed en un entorno de presión política y energía cara.
En el plano corporativo, Apple anunció que Tim Cook pasará a presidente ejecutivo y que John Ternus será consejero delegado desde septiembre de 2026. La reacción fue negativa, más por la incertidumbre estratégica que por el perfil del sucesor. En paralelo, el sector aéreo cayó tras el rechazo de Trump a una posible fusión entre United y American Airlines.
En conjunto, el mercado no descuenta un escenario extremo, pero tampoco confía en la vía diplomática. Tras el cierre, Trump anunció una extensión del alto el fuego para facilitar nuevas conversaciones, aún sin confirmación clara.
A corto plazo, el equilibrio sigue siendo frágil: si avanzan las negociaciones, podría haber rebote; si el conflicto escala, el impacto sería inmediato en petróleo, tipos, dólar y renta variable. No hay pánico, pero sí prudencia.
