El miedo y el pánico que se vivieron el viernes, especialmente en los mercados de materias primas, parecen estar disipándose. En realidad, no ocurrió nada de peso que justificara semejante reacción. En el resto de activos, los movimientos fueron bastante normales: los tipos subieron ligeramente (sin nada destacable), el dólar repuntó alrededor de un 1% —una subida relevante para una divisa, aunque venía de caídas importantes en lo que va de año— y las bolsas retrocedieron de forma moderada.
El verdadero terremoto se concentró en el oro y la plata. Ya explicamos ayer que el motivo principal fue el exceso de apalancamiento, pero es posible que no quedara del todo claro qué ocurrió exactamente. Por eso hoy vamos a detenernos en este episodio. No solo para entender lo sucedido, sino también como ejemplo de cómo el mercado puede caer, en determinadas circunstancias, en comportamientos que poco tienen que ver con la racionalidad que defiende la hipótesis de los mercados eficientes.
Los inversores institucionales —fondos de inversión, planes de pensiones, fondos soberanos, entre otros— suelen utilizar derivados como futuros y opciones para tomar posiciones, algo especialmente habitual en activos como divisas y materias primas.
En los últimos años, el oro ha protagonizado un rally prácticamente histórico. Desde que inició su despegue en 2023, ha crecido a una tasa anual superior al 50%. La plata, aunque algo más rezagada al principio, ha recuperado terreno con fuerza en los últimos meses, acumulando subidas superiores al 150% desde junio del año pasado.
Este comportamiento ha llevado a muchos institucionales, sobre todo a los seguidores de tendencias, a posicionarse en estos activos mediante futuros y opciones para aprovechar el apalancamiento. Los brokers, que en muchos casos actúan como contraparte, exigen garantías para asegurarse de que el comprador podrá cumplir con su compromiso en el futuro.
Estas garantías cobran especial importancia cuando se producen caídas bruscas y aumenta la volatilidad. En ese contexto, los brokers elevan las exigencias de margen. Si la caída es demasiado rápida y supera ciertos niveles, el banco puede ejecutar directamente un margin call y liquidar la posición del cliente a mercado.
Conviene entender un punto clave: cuando el precio de un activo cae, es porque la oferta aumenta más rápido que la demanda o porque la demanda se contrae con mayor rapidez. En estos episodios, no solo cae la demanda. Los margin calls fuerzan ventas adicionales, incrementando aún más la oferta. Esto agrava la caída de los precios y activa nuevos margin calls, generando una espiral difícil de frenar.
El resultado fue lo que vimos el viernes: una caída que borró cientos de miles de millones de dólares en cuestión de horas. Un claro ejemplo de que el mercado no siempre se comporta de forma racional. Si lo hiciera, habría que concluir que el oro valía de repente un 10% menos y la plata un 30% menos. Sabemos que no es así y el propio mercado lo está confirmando hoy, con subidas cercanas al 6% en el oro y al 13% en la plata.
Aún estamos lejos de recuperar los máximos previos y, siendo honestos, tampoco sabemos si esas valoraciones reflejaban fielmente la realidad o incorporaban expectativas excesivamente negativas sobre el dólar. Nuestro trabajo es analizar el entorno macroeconómico y de mercado y ajustar las carteras para que estén bien posicionadas en ese contexto.
En este sentido, ayer conocimos datos positivos del PMI manufacturero, que refuerzan nuestra tesis de principios de año: 2026 puede ser un buen ejercicio para las economías y, por extensión, para los mercados financieros. Se esperaba una lectura de 48,6 y el dato final fue de 52,6, una mejora clara y sorprendente de la actividad económica. Esto se ha traducido hoy en un renovado optimismo, con subidas en las bolsas europeas y en los futuros de Estados Unidos.
