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Israel y el Líbano declaran un alto al fuego tan positivo como frágil

GSM&B AV Informe diario de mercados Israel y el Líbano declaran un alto al fuego tan positivo como frágil

Tras varios días sin novedades relevantes, ayer por la tarde Israel y Líbano acordaron un alto el fuego con el objetivo de iniciar negociaciones. Estas estarán intermediadas por Donald Trump en la Casa Blanca durante los próximos días, lo que introduce un componente político clave en el proceso.

El acuerdo, planteado inicialmente para diez días, nace con fragilidad. Hezbolá ha declarado que no forma parte del mismo y que seguirá considerando legítima la resistencia mientras haya tropas israelíes en territorio libanés. Conviene recordar que Hezbolá es un partido político y grupo paramilitar con gran peso en el país: no forma parte del ejército oficial, pero ha sido un actor relevante en el conflicto con Israel durante años.

Este punto es determinante, ya que deja abierta la puerta a que continúen las hostilidades dentro de Líbano. No sería un enfrentamiento directo entre Estados, sino entre Israel y Hezbolá en suelo libanés, lo que complica la estabilidad del alto el fuego. De hecho, pocas horas después del anuncio, el Ejército libanés denunció bombardeos israelíes en el sur del país. Israel no lo ha confirmado, aunque ha reiterado que actuará ante amenazas inmediatas, un matiz que introduce ambigüedad en la interpretación del acuerdo.

El cumplimiento del alto el fuego es clave en un contexto más amplio, especialmente en relación con las negociaciones entre Irán y Estados Unidos. Para Irán, una de las condiciones fundamentales era el cese de los ataques israelíes en Líbano. En ese sentido, este movimiento puede interpretarse como una victoria diplomática parcial, aunque condicionada por la fragilidad del propio acuerdo.

A partir de aquí, el equilibrio es complejo. Trump deberá presionar a Netanyahu para evitar nuevas acciones en Líbano, mientras que Irán tendrá que contener a Hezbolá. La dificultad radica en que ninguno de los dos actores tiene un control absoluto sobre sus respectivos aliados, lo que añade incertidumbre al proceso.

Si las negociaciones avanzan, los principales frentes serán dos. Por un lado, el programa de enriquecimiento de uranio iraní, que es la principal preocupación de Estados Unidos. Por otro, la situación en el estrecho de Ormuz, clave para la estabilidad del suministro energético global. Aunque ambos son relevantes, el primero es prioritario para Washington, mientras que el segundo tiene un impacto más directo sobre la economía iraní.

La hoja de ruta ideal sería clara, aunque difícil de ejecutar: Líbano aceptaría la disolución de Hezbolá y coordinaría su desmantelamiento con Estados Unidos e Israel, junto con un plan de reconstrucción; Irán aceptaría limitar su programa nuclear; Estados Unidos levantaría las sanciones sobre el petróleo iraní; e Irán reabriría completamente el estrecho de Ormuz. Sin embargo, este proceso depende de que cada paso se cumpla de forma coordinada.

El principal riesgo es precisamente esa dependencia mutua. Un fallo en cualquiera de las fases —ya sea un ataque puntual o una represalia— podría romper el equilibrio y devolver la situación al punto de partida. Un movimiento agresivo por parte de Hezbolá o de Israel rompería el alto el fuego y reactivaría la tensión.

Los mercados son conscientes de esta fragilidad. Mientras la población libanesa celebra el acuerdo y miles de personas regresan a sus hogares, los inversores mantienen una postura prudente, sin descontar plenamente un escenario positivo.

En paralelo, hoy se celebrará una reunión impulsada por Reino Unido y Francia con países no beligerantes para explorar una “tercera vía” europea ante la crisis del estrecho de Ormuz. El objetivo es sentar las bases de una operación multilateral que garantice la libertad de navegación cuando las condiciones de seguridad lo permitan.

En este contexto, los mercados aún no han reaccionado con fuerza a las noticias positivas, debido a su limitada credibilidad. Si el alto el fuego fracasa, el impacto negativo podría ser reducido. Sin embargo, si las negociaciones avanzan, la reacción podría ser significativamente positiva. Esta asimetría —riesgo contenido a la baja frente a mayor potencial al alza— podría marcar el comportamiento de las próximas sesiones.

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