La sesión de ayer, martes 28 de abril, no alteró el telón de fondo que venimos siguiendo —petróleo elevado, diplomacia bloqueada y bancos centrales en modo cautela—, pero sí añadió un matiz relevante: el foco dejó de estar solo en Ormuz y se desplazó hacia la credibilidad del gran ciclo inversor en inteligencia artificial. No apareció un tema nuevo, sino una grieta en el segmento que hasta ahora actuaba como amortiguador frente al resto del ruido.
Esa lectura se vio con claridad en Wall Street. El Dow Jones apenas cedió un 0,05%, hasta 49.141,93 puntos, mientras el S&P 500 cayó un 0,49% y el Nasdaq retrocedió un 0,90%, su peor sesión en un mes. Lo relevante no fue la magnitud de la caída, sino su composición: tecnología fue el sector más débil del S&P 500 y energía el más fuerte. La corrección se concentró en semiconductores y compañías ligadas al gasto masivo en infraestructura de IA, señal de que el mercado empieza a distinguir entre la narrativa del sector y la prueba de que ese gasto puede monetizarse al ritmo prometido.
El detonante fue la información sobre OpenAI, que no habría cumplido objetivos internos de usuarios semanales e ingresos, reabriendo dudas sobre su capacidad para sostener el ritmo de inversión en centros de datos. Eso golpeó a las compañías más expuestas a esa cadena de capex: Oracle cayó un 4,1%, y Reuters destacaba presión sobre CoreWeave y fabricantes de chips. Aun así, conviene no sobrerreaccionar. El cierre dejó una lectura más equilibrada: General Motors subió un 1,3% tras mejorar previsiones, Coca-Cola ganó un 3,9% después de elevar su objetivo anual y Seagate repuntó en el after-hours tras publicar una guía sólida, señal de que el gasto empresarial vinculado a IA sigue vivo. Más que una ruptura de la tesis, la jornada pareció abrir una fase de escrutinio más exigente.
Europa mantuvo la línea de continuidad, aunque con un deterioro más visible en la economía real. El STOXX 600 cayó un 0,4%, hasta 606,58 puntos, y el DAX encadenó su séptima sesión consecutiva en negativo. La novedad estuvo en el crédito: la encuesta trimestral del BCE mostró que los bancos de la eurozona endurecieron las condiciones de financiación en el primer trimestre más de lo esperado y anticipan otro ajuste en el segundo, con especial cautela hacia empresas intensivas en energía y expuestas a Oriente Medio. Esa señal importa porque desplaza el problema desde los precios de mercado hacia el canal financiero: no solo sube el petróleo; también se encarece y restringe la financiación.
En energía, apareció una novedad estratégica: Emiratos Árabes Unidos anunció su salida de la OPEP a partir del 1 de mayo. En condiciones normales, el mercado lo habría leído como una fuente futura de mayor oferta y menor disciplina del cártel. De hecho, hoy el Brent corrige levemente tras siete sesiones consecutivas de subidas. Sin embargo, ese alivio potencial no es inmediato: Reuters subraya que el bloqueo de Ormuz sigue impidiendo que barriles adicionales lleguen al mercado a corto plazo, por lo que el Brent permanece alrededor de 111 dólares. La noticia de Emiratos introduce una válvula de escape para más adelante, pero no resuelve el problema dominante.
La sesión de esta mañana refuerza esa lectura. Antes de la apertura europea, los futuros del S&P 500 subían apenas un 0,1%, el MSCI Asia-Pacífico ex Japón se movía en torno a plano y las bolsas europeas apuntaban a una apertura sin dirección clara. El mercado llega al día de la Fed con el fondo intacto, pero con más dudas sobre la capacidad de la tecnología para sostener al conjunto. Además, Reuters señala que Donald Trump ha pedido preparar un bloqueo prolongado sobre Irán, lo que mantiene viva la prima energética incluso con el crudo descansando ligeramente.
La implicación para hoy es concreta. El tema principal no ha cambiado, pero sí la jerarquía interna de riesgos: el petróleo sigue siendo el condicionante macro, mientras la IA deja de ser un refugio incuestionable hasta que Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon demuestren esta noche que el ciclo de inversión sigue respaldado por demanda real. Si los resultados son sólidos, el mercado podrá interpretar lo de ayer como una pausa dentro del rally. Si decepcionan, podríamos pasar de una historia de continuidad a una corrección más transversal, porque Europa ya está débil, el crédito se endurece y la Fed difícilmente sonará complaciente con el crudo en estos niveles.
