Ayer no cambió la dirección del mercado. Cambió el liderazgo. Después de varios días en los que la caída del petróleo había impulsado una subida prácticamente generalizada de los activos de riesgo, la sesión dejó un mensaje más matizado: el alivio geopolítico sigue apoyando a los mercados, pero los inversores empiezan a discriminar entre sectores y a prepararse para el verdadero acontecimiento de la semana, la primera reunión de la Reserva Federal presidida por Kevin Warsh.
Wall Street cerró con resultados mixtos. El Dow Jones volvió a marcar máximos históricos gracias al buen comportamiento de bancos, industriales y compañías vinculadas al ciclo económico. Sin embargo, el Nasdaq corrigió con claridad, presionado por una nueva toma de beneficios en semiconductores y valores ligados a la inteligencia artificial. El S&P 500 terminó ligeramente en negativo, reflejando que el mercado ya no está reaccionando únicamente a una mejora del sentimiento general, sino que empieza a valorar qué sectores pueden beneficiarse realmente del nuevo entorno.
El elemento que continúa sosteniendo esa mejora de fondo sigue siendo el petróleo. El Brent cayó por debajo de los 80 dólares por barril por primera vez desde marzo, prolongando el fuerte ajuste iniciado tras el acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán. Lo relevante no es únicamente el nivel alcanzado, sino la velocidad del movimiento. Hace apenas unas semanas el mercado discutía escenarios de petróleo por encima de 100 dólares durante buena parte del verano. Hoy la conversación gira en torno a cuánto alivio inflacionista puede generar una caída tan rápida de los precios energéticos.
Ese cambio ya empieza a reflejarse en la renta fija. Los rendimientos de los bonos estadounidenses descendieron de nuevo durante la sesión, acompañados por caídas similares en Australia y Japón. Los inversores interpretan que una energía más barata reduce el riesgo de nuevas sorpresas inflacionistas y disminuye la presión sobre los bancos centrales.
Sin embargo, sería un error concluir que la política monetaria ha dejado de ser un problema. Precisamente porque el petróleo está dejando de presionar al alza la inflación, toda la atención se concentra ahora en el mensaje que transmita la Fed. El mercado da prácticamente por descontado que los tipos permanecerán sin cambios, pero existe mucha incertidumbre sobre el tono que adoptará Warsh en su estreno como presidente. Después de meses de inflación elevada y crecimiento razonablemente sólido, los inversores quieren saber si la institución considera que todavía existe riesgo de nuevas subidas o si empieza a ver margen para una postura menos restrictiva.
La importancia de esta reunión aumenta porque coincide con un intenso calendario de bancos centrales. El Banco de Japón elevó esta semana los tipos hasta el 1%, el nivel más alto desde mediados de los años noventa, mientras que el Banco de la Reserva de Australia optó por hacer una pausa tras varios incrementos consecutivos. Ambos movimientos reflejan una realidad que el mercado no debería olvidar: aunque la geopolítica se haya relajado, la inflación sigue siendo un problema en buena parte del mundo desarrollado.
También merece atención el comportamiento de las divisas. El yen continúa débil incluso después de la subida de tipos japonesa y vuelve a acercarse a niveles que históricamente han provocado intervenciones verbales y financieras de las autoridades. La evolución del dólar frente al yen sigue siendo uno de los indicadores más vigilados por los mercados globales porque afecta tanto a los flujos internacionales de capital como a las condiciones financieras en Asia.
La sesión de hoy probablemente estará dominada por la prudencia. El mercado ya ha descontado buena parte de las noticias positivas procedentes de Oriente Medio y la caída del petróleo. A partir de ahora, la clave será comprobar si los bancos centrales validan ese optimismo. El alivio geopolítico ha permitido que los inversores vuelvan a mirar la economía. Ahora le corresponde a la política monetaria decidir si esa confianza puede consolidarse o si todavía es demasiado pronto para cantar victoria.
