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El mercado cambia de relato

GSM&B AV Informe diario de mercados El mercado cambia de relato

Durante las últimas semanas, la dirección de los mercados parecía depender de una sola variable: cuánto podía empeorar la situación en Oriente Medio. Ayer, los inversores empezaron a plantearse la pregunta contraria. La posibilidad de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, insinuada por Donald Trump y reforzada por informaciones sobre avances diplomáticos, provocó un giro notable en los activos globales y permitió al mercado recuperar parte del optimismo perdido.

La reacción más inmediata se vio en la energía. El petróleo prolongó las fuertes caídas de la sesión anterior y tocó mínimos de dos meses. El Brent descendió hacia los 89 dólares por barril y el WTI se acercó a los 86, niveles que hace apenas unas semanas parecían improbables en pleno conflicto regional. La caída del crudo reduce el riesgo económico asociado a una interrupción prolongada del suministro energético y alivia la principal inquietud que había reaparecido en mayo: que la inflación volviera a acelerarse. También rebaja la presión sobre empresas, consumidores y bancos centrales, que habían vuelto a mirar la energía como una amenaza para la estabilidad.

Esa mejora de las expectativas inflacionistas se trasladó de inmediato a la renta variable. Wall Street encadenó otra sesión positiva y Asia tomó el relevo con fuertes avances. El Nikkei japonés subió más de un 4%, el Kospi surcoreano se disparó más de un 8% y las bolsas de la región firmaron una de sus mejores jornadas del año. Esta vez, además, el optimismo no se concentró en un solo sector. A diferencia de otros rebotes recientes, impulsados casi exclusivamente por la inteligencia artificial o los semiconductores, la subida mostró una amplitud mucho mayor. Bancos, consumo, industria y tecnología participaron en el movimiento, señal de que el mercado no solo compraba una historia concreta, sino una mejora más amplia del apetito por el riesgo.

Pero la geopolítica no fue el único foco. La salida a bolsa de SpaceX se convirtió en un símbolo del regreso de ese apetito por el riesgo. Más allá de la evolución concreta de la compañía, el mensaje para el mercado es relevante: incluso tras semanas de elevada volatilidad, el capital sigue dispuesto a respaldar activos de crecimiento cuando las condiciones financieras dejan de deteriorarse. La operación también reforzó la idea de que todavía existe demanda para proyectos ambiciosos si el entorno macroeconómico no se vuelve adverso.

En la renta fija también se percibió un cambio de tono. Los bonos soberanos recuperaron terreno y las rentabilidades retrocedieron ligeramente al moderarse el temor a nuevas presiones inflacionistas derivadas del petróleo. No se trata aún de un cambio estructural en la narrativa monetaria, pero sí de una pausa en la escalada de tipos implícitos. Para los inversores, esa pausa reduce el riesgo de que las valoraciones vuelvan a quedar presionadas por un repunte rápido de los rendimientos.

Aun así, los bancos centrales siguen enviando señales de cautela. El Banco Central Europeo elevó ayer los tipos de interés por primera vez en casi tres años, una decisión descontada, pero significativa: confirma que la inflación continúa siendo una preocupación incluso en un entorno de crecimiento débil. La institución dejó abierta la puerta a nuevas subidas si las tensiones energéticas vuelven a trasladarse a los precios.

El BCE no está solo. Australia, Noruega y Japón también han endurecido recientemente sus políticas monetarias o mantienen un sesgo restrictivo. Por eso, aunque el alivio geopolítico favorezca la recuperación de los activos de riesgo, el entorno monetario global sigue siendo mucho menos favorable que el que impulsó las grandes subidas de principios de año. La liquidez ya no actúa como un apoyo automático y cualquier mejora del sentimiento tendrá que convivir con tipos más altos.

La sesión de hoy será una prueba importante para saber si el mercado vive solo un rebote técnico o el inicio de una fase más estable. La caída del petróleo, la recuperación bursátil y la mejora del sentimiento son señales positivas. Sin embargo, para que el movimiento gane consistencia, las expectativas de paz deberán materializarse y la inflación tendrá que retomar una senda descendente. De momento, el mercado ha dejado de mirar solo los riesgos. La pregunta es si también está preparado para volver a confiar en el crecimiento.

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