A pesar del revuelo y de la evidente escalada militar en Oriente Medio, ayer los mercados optaron por la calma y lograron recuperar todas las pérdidas con las que habían abierto la sesión, al menos en Estados Unidos. En Europa no ocurrió lo mismo: las bolsas cerraron con caídas superiores al 2% y hoy vuelven a abrir con descensos adicionales del 1,5%.
La principal diferencia radica en la composición sectorial de ambos mercados. Mientras el europeo está dominado por compañías de perfil más industrial, el estadounidense mantiene un mayor peso en el sector tecnológico.
Este conflicto ha situado nuevamente al petróleo en el centro de atención. Una de las principales bazas de Irán es el control del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y otro 20% del gas natural licuado.
El cierre de este paso afectaría de forma drástica al suministro global de energía, impactando especialmente a las empresas industriales. Si recordamos lo ocurrido en 2022, podemos comprobar cómo un shock energético golpeó con fuerza a la economía europea —en particular a Alemania y Francia—. Esto explica que, tanto ayer como hoy, el conflicto —en el que, por ahora, Europa no ha intervenido directamente— esté teniendo un mayor impacto bursátil en el continente que en Estados Unidos.
Las caídas de hoy responden al anuncio de un alto mando de la Guardia Revolucionaria iraní, quien afirmó que el estrecho de Ormuz está cerrado y amenazó con incendiar cualquier embarcación que intente atravesarlo.
Aunque no se trata de un cierre efectivo, sino de una advertencia explícita, el hecho es histórico. Nunca se había producido una amenaza de esta magnitud, por lo que el impacto potencial sobre los precios energéticos sigue siendo incierto.
La reacción de las compañías navieras ha sido la esperada: buscar rutas alternativas para garantizar el suministro de petróleo y gas a sus clientes, aun a costa de mayores costes y tiempos de entrega. No obstante, varios buques que ya se encontraban en las inmediaciones han tenido que buscar refugio, generando una fuerte congestión en los puertos de Kuwait y Dubái.
A esto se suma que en las ofensivas iraníes contra bases estadounidenses ya se han registrado víctimas estadounidenses. Este hecho complica una desescalada rápida y aumenta la probabilidad de que el conflicto se prolongue. De hecho, el propio Trump ha señalado que prevén que la operación se extienda entre cuatro y cinco semanas.
Numerosos analistas proyectan que el precio del petróleo podría superar los 100 dólares por barril, niveles no vistos desde 2022. Esto supondría una nueva disrupción para el sector industrial y afectaría especialmente a la economía europea.
Con todo, la información disponible aún es insuficiente para tomar decisiones definitivas, ya que el desenlace depende de factores imprevisibles. Nadie —ni siquiera el propio Trump— puede anticipar cómo y cuándo terminará esta situación. Cualquier movimiento en este contexto implica asumir riesgo. De hecho, si recordamos el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, observamos una corrección en los primeros meses, seguida de una fuerte recuperación durante los ocho meses posteriores, hasta cerrar con una subida del 19% doce meses después del inicio del conflicto.
Por ello, insistimos en la importancia de mantener la prudencia y la serenidad, y de analizar este escenario también como potencial generador de oportunidades. Por ahora, las bolsas europeas continúan debilitadas, el petróleo sube hoy un 4% y los tipos de interés repuntan al anticiparse mayores presiones inflacionarias.
