La reacción del mercado al acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán fue tan contundente ayer que hoy la atención empieza a desplazarse hacia una pregunta diferente: si la caída del petróleo será suficiente para modificar las expectativas de política monetaria. El alivio geopolítico sigue siendo el gran catalizador, pero por primera vez en semanas los inversores vuelven a mirar a los bancos centrales como el principal factor de dirección para los mercados.
La sesión de ayer estuvo marcada por una auténtica ola compradora. Wall Street cerró con fuertes avances, liderados por el Nasdaq, que recuperó más de un 3%, mientras que el S&P 500 subió un 1,7% y el Dow Jones volvió a marcar máximos históricos. Europa también alcanzó nuevos récords y las bolsas asiáticas registraron algunas de sus mayores subidas del año.
La explicación sigue siendo la misma que comenzó a construirse durante el fin de semana: el mercado está descontando que la reapertura del Estrecho de Ormuz permitirá normalizar progresivamente los flujos energéticos y reducirá el riesgo de nuevas tensiones inflacionistas. El Brent cayó por debajo de los 84 dólares por barril y llegó a marcar mínimos de tres meses, acumulando una corrección cercana al 30% desde los máximos alcanzados durante la fase más intensa del conflicto.
Sin embargo, la sesión asiática de esta madrugada ha introducido un matiz importante. Después del desplome de ayer, el petróleo rebota ligeramente mientras los operadores intentan valorar los detalles pendientes del acuerdo. Aunque el mercado sigue creyendo en una resolución favorable, todavía existen interrogantes sobre los plazos definitivos de reapertura del estrecho y sobre las condiciones que acompañarán al proceso de normalización. La consecuencia es que la volatilidad energética probablemente seguirá siendo elevada durante algunos días más.
Lo relevante es que, incluso con ese pequeño rebote del crudo, la narrativa dominante ha cambiado. Hace apenas dos semanas los inversores discutían cuánto tendría que subir la Reserva Federal los tipos para compensar un petróleo disparado por encima de los 110 dólares. Hoy el debate gira en torno a si la caída de la energía puede permitir una postura menos restrictiva durante los próximos meses.
Ese cambio de expectativas llega justo antes de una de las semanas más importantes del mes para los bancos centrales. La Reserva Federal inicia hoy su reunión de política monetaria, la primera presidida por Kevin Warsh. Nadie espera cambios inmediatos en los tipos de interés, por lo que la atención se centrará en las previsiones económicas, el diagrama de puntos y cualquier referencia al impacto que la reciente caída del petróleo pueda tener sobre la inflación.
Además de la Fed, los mercados deberán digerir decisiones del Banco de Japón y del Banco de Inglaterra. En Japón, la combinación de inflación persistente, crecimiento razonable y un yen todavía débil mantiene abiertas las expectativas de nuevas subidas de tipos. Cualquier señal en esa dirección podría afectar tanto a los mercados de divisas como a los flujos globales hacia renta fija.
Otro elemento que empieza a ganar protagonismo es la ampliación del liderazgo bursátil. Durante gran parte del año, la subida de los mercados estuvo concentrada en inteligencia artificial y grandes tecnológicas. Ayer, sin embargo, las ganancias se extendieron a aerolíneas, turismo, industriales y pequeñas compañías. El Russell 2000 volvió a marcar máximos históricos, una señal de que los inversores están comprando una mejora más amplia de las perspectivas económicas y no únicamente el crecimiento ligado a la IA.
La sesión de hoy servirá para comprobar si esa rotación tiene continuidad. El alivio geopolítico sigue siendo el principal soporte del mercado, pero ya no es la única historia. A partir de ahora, la cuestión relevante será si los bancos centrales validan la mejora de las expectativas o si continúan insistiendo en que la inflación sigue siendo demasiado elevada. El petróleo ha dejado de ser el problema inmediato. Ahora le toca hablar a la política monetaria.
