La nueva semana arranca con un cambio de tono que pocos habrían anticipado hace apenas unos días. Después de meses en los que la principal preocupación era cuánto podía agravarse la crisis en Oriente Medio, los mercados han comenzado a descontar un escenario completamente distinto: una reducción significativa del riesgo geopolítico y la reapertura del Estrecho de Ormuz. Ese cambio de expectativas está teniendo efectos inmediatos sobre prácticamente todos los activos financieros.
El acontecimiento más importante del fin de semana fue el anuncio de un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto y normalizar el tráfico energético en la región. Aunque todavía quedan detalles por concretar y la firma formal está prevista para los próximos días, el mercado ha decidido centrarse en la consecuencia más inmediata: el riesgo de interrupción prolongada del suministro de petróleo se ha reducido de forma drástica.
La reacción ha sido contundente. El Brent cae cerca de un 5% y vuelve a la zona de los 83 dólares por barril, niveles que no se veían desde antes de la fase más intensa del conflicto. Hace apenas una semana el mercado discutía la posibilidad de un petróleo por encima de 100 dólares durante un periodo prolongado. Hoy la conversación gira en torno a cuánto puede aliviarse la inflación global si la energía mantiene esta tendencia descendente.
La caída del petróleo tiene implicaciones que van mucho más allá de las compañías energéticas. Durante las últimas semanas, el crudo había sido el principal mecanismo por el que la geopolítica se trasladaba a los mercados financieros. Más petróleo implicaba más inflación, más presión sobre los bancos centrales y mayores rentabilidades en los bonos. Ahora la dirección es la contraria. Menores costes energéticos reducen los riesgos inflacionistas y permiten a los inversores volver a contemplar escenarios monetarios menos restrictivos.
Por eso la reacción más interesante no se está produciendo únicamente en las materias primas. Las bolsas asiáticas han arrancado la semana con fuertes avances. El Nikkei japonés sube más de un 5% y se aproxima nuevamente a máximos históricos, mientras que Corea del Sur también registra ganancias cercanas al 5%. Los futuros estadounidenses apuntan igualmente a una apertura claramente positiva.
Las divisas reflejan el mismo movimiento. El dólar pierde terreno frente a la mayoría de monedas desarrolladas y emergentes, mientras las divisas más sensibles al crecimiento global recuperan posiciones. El dólar australiano, el dólar neozelandés y varias monedas asiáticas avanzan con fuerza gracias al regreso del apetito por el riesgo.
Sin embargo, aunque el mercado haya encontrado un nuevo motivo para el optimismo, el foco empieza a desplazarse rápidamente hacia la política monetaria. Esta semana concentra varias reuniones de bancos centrales con capacidad para influir de forma significativa en los mercados. La Reserva Federal celebrará una reunión especialmente relevante porque será la primera oportunidad para evaluar si la reciente relajación de los precios energéticos modifica su percepción sobre las perspectivas de inflación. El consenso sigue esperando que mantenga los tipos sin cambios.
Al mismo tiempo, el Banco de Japón vuelve a captar atención. El mercado sigue especulando con una subida adicional de tipos hasta el 1%, el nivel más alto en más de tres décadas. Después de meses marcados por la debilidad del yen y por las intervenciones verbales de las autoridades japonesas, cualquier cambio en la política monetaria japonesa podría tener efectos importantes sobre los mercados de divisas y renta fija global.
Si la semana pasada estuvo dominada por el miedo a una inflación alimentada por la energía, la nueva semana comienza con la situación inversa. El petróleo deja de ser un problema inmediato y devuelve protagonismo a los bancos centrales. La cuestión para los próximos días ya no es cuánto puede empeorar Oriente Medio, sino si la caída del crudo será suficiente para que la Reserva Federal y otros bancos centrales adopten un tono menos agresivo. Esa respuesta probablemente determinará si el actual rebote se convierte en algo más duradero que un simple alivio geopolítico.
