OpenAI presentó GPT-6 Astra y, en cuestión de horas, Wall Street decidió quién gana y quién pierde con él. Salesforce cayó un 4%, Intuit otro 4% y ServiceNow un 5%, por miedo a que los agentes de IA vuelvan prescindible su software. Intel, en cambio, se disparó un 9% tras cerrar un acuerdo con Amazon para fabricar chips de inteligencia artificial, y Micron y SanDisk, los fabricantes de memoria, subieron un 6,1% y un 11,9% por la escasez de capacidad NAND que la propia IA satura. No son dos sectores enfrentados. Es el mismo, partido en dos por la misma noticia.
Ese reparto explica el marcador final. El Nasdaq, que debería haber sido el más golpeado por el susto del software, apenas cedió un 0,32%, hasta 26.421 puntos: los chips pagaron la fianza. El Dow, en cambio, se dejó un 1,18%, hasta 52.786, su peor sesión en semanas, y el S&P 500 quedó en medio, con un descenso del 0,58%.
Detrás del golpe al Dow no solo estuvo el software. Los hutíes, respaldados por Irán, atacaron instalaciones energéticas sauditas y devolvieron el petróleo a máximos de seis semanas, con el Brent rozando ya los 100 dólares. El industrial nota primero la energía cara; el tecnológico, casi siempre el último.
La agencia iraní IRNA fue más allá de lo habitual: informó de ataques contra petroleros frente a Kuwait y Baréin. El riesgo ya no se limita a Ormuz, sino a todo el golfo. Aun así, el oro cede otro 0,6%, hasta 4.443 dólares la onza. El mercado no lo lee como una amenaza que exija refugio, sino como un problema de oferta que endurece a la Fed. Cuando el miedo sube el petróleo en vez del oro, no es que el miedo sea menor: ya tiene otro nombre, inflación.
Esa lectura ya tiene precio. La probabilidad de que la Fed suba tipos el 16 de septiembre sigue en el 60%, y el bono a diez años vuelve a tocar el 4,79%. El euro se afianza en 1,1632, sostenido por las apuestas a que el BCE suba tipos mañana. El euríbor cotiza ya en el 3,177%, máximo desde septiembre de 2024: unos 832 euros más al año en la hipoteca variable media. La política monetaria europea ya se ha mudado a las cuentas domésticas antes incluso de que el BCE haga oficial la subida.
El propio BCE se reúne mañana con una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50% en la facilidad de depósito, prácticamente descontada. Importa más el tono de Lagarde: si insiste en que la inflación energética es pasajera, el mercado leerá esta subida como la última de la serie. La Fed no tiene ese lujo. Antes de decidir el día 16 le queda el IPC de agosto del viernes, y ese dato pesará más que cualquier discurso.
Asia amaneció mixta: el Nikkei cerró plano, en 65.250 puntos; el Kospi subió un 1,2%, hasta 7.041; el Hang Seng cedió un 0,1%. Los futuros europeos apuntan a una apertura discreta: el Ibex abre con un descenso del 0,22%, sin recuperar los 20.000, y Fráncfort y Londres ceden un 0,1%. La cautela ante el petróleo y el BCE pesa hoy más que la buena noticia corporativa.
Y buenas noticias las hay. Inditex presentó hoy un beneficio récord de 2.980 millones en su primer semestre, un 6,8% más, con ventas creciendo un 7,6%, hasta 19.755 millones, y acelerando a un 9% en el arranque del otoño. Zara sigue siendo el motor del grupo. Que el Ibex ni siquiera repunte con estas cifras sobre la mesa dice más del ánimo del mercado que de la propia Inditex.
La referencia de la sesión sigue siendo el Brent. Si se aleja de los 100 dólares y el BCE deja margen a una pausa posterior, el mercado podrá volver a separar la historia del petróleo de la de los tipos, y los semiconductores tendrán terreno para seguir tirando del Nasdaq. Si el barril rompe esa barrera y los hutíes amplían su radio de ataque hacia Kuwait y Baréin, la inflación importada volverá a mandar sobre todo lo demás, y ni el récord de Inditex ni el auge de la memoria bastarán para sostener el ánimo.
