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La deuda de EE.UU. pierde comprador extranjero

GSM&B AV Informe diario de mercados La deuda de EE.UU. pierde comprador extranjero

Cincuenta y dos coma cinco centavos de cada dólar. Es lo que se llevaron ayer los compradores extranjeros en la subasta del bono del Tesoro a veinte años: la participación indirecta más baja desde que Washington reintrodujo ese plazo en 2020. La cifra importa más que el propio nivel del bono a diez años, que cerró el martes en el entorno del 5%. No es que la deuda estadounidense pague más: es que empieza a costarle encontrar quien se la compre. Y ese problema no lo resuelve una decisión de un solo día, ni siquiera la que toma hoy la Reserva Federal.
La subasta se colocó con una rentabilidad del 5,42%, la más alta desde que el Tesoro resucitó el plazo a veinte años, con un sobreprecio de dos puntos básicos sobre lo que el mercado exigía minutos antes. En agosto había rendido el 5,20%; en julio, el 5,16%. La escalada es rápida, y coincide con una curva que ya no sube solo por el tramo corto ligado a la Fed: el dos años cerró el martes en el 4,67%, máximo de las últimas 52 semanas; el diez años, entre el 5,00% y el 5,02%, el nivel más alto desde 2007; y el treinta años, en torno al 5,37%. Con los tres tramos en niveles elevados a la vez, no es una apuesta sobre lo que hará un banco central mañana. Es una exigencia de prima más alta por prestarle a Washington a cualquier plazo.
La decisión de hoy llega con el mercado ya convencido: la probabilidad de una subida de un cuarto de punto ha pasado del 85-86% de ayer al 92,7%. Kevin Warsh, presidente de la Fed, fijó el tono en agosto: «la inflación sigue por encima de nuestro objetivo del 2%, así que el foco predominante de la Fed ahora mismo debe estar en los precios». Brandon Zureick, de Johnson Investment Counsel, señala que el mercado de bonos ya da por hecha una subida más este año, y entre una y dos adicionales en 2027. Jay Woods, de Freedom Capital Markets, describe a Warsh «entre la espada y la pared» de cara a la reunión de esta semana. Si hoy evita comprometerse con ese calendario, el tramo largo del Tesoro seguirá marcando el paso por su cuenta, como ya adelantó ayer la subasta.
La renta variable, mientras tanto, no ha recogido el aviso. El índice de volatilidad retrocedió el martes a 16,90 puntos, casi un punto por debajo del salto que había registrado el lunes tras la advertencia de Amodei y Altman sobre el ritmo de la inteligencia artificial. Los mismos semiconductores que el lunes lideraron esas pérdidas —Nvidia había cedido un 3%— entraron ayer en sobreventa técnica, con un RSI cercano a 29, una señal que el consenso de analistas sigue leyendo como oportunidad de compra: Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, habló de un punto de inflexión para la inteligencia artificial, y Hock Tan, consejero delegado de Broadcom, describió una demanda «sencillamente candente» que no ha hecho más que empezar. El Dow Jones cerró el martes con un descenso moderado, en torno al 0,6%, pero casi 350 de las 500 compañías del S&P 500 terminaron en rojo. La caída fue amplia, no concentrada en un puñado de valores tecnológicos, lo que encaja mejor con una repreciación por tipos de interés que con un problema exclusivo de la inteligencia artificial.
El petróleo sumó otro argumento a la lectura de tipos altos: el Brent volvió a subir el martes, por encima de los 107 dólares, con el oleoducto saudí Este-Oeste todavía cerrado y sin fecha para retomar el diálogo entre Irán y los países del Golfo en Salalah. Un crudo que no cede alimenta la misma inflación que Warsh dice querer combatir el mismo día en que decide. Pero la renta variable sigue leyendo estos ingredientes por separado —geopolítica, inteligencia artificial, tipos— cuando la subasta de ayer sugiere que empiezan a fundirse en uno solo: menos apetito por financiar a Washington a largo plazo, justo cuando casi todo lo demás encarece esa financiación.
Qué vigilar. Si la Fed sube hoy y Warsh evita cualquier compromiso sobre lo que vendrá después, la pregunta relevante no es si subió, sino si la próxima subasta larga del Tesoro repite una participación extranjera por debajo del 55%: confirmaría que el problema de demanda es estructural, no un mal día. Si en cambio esa participación se recupera y el diez años retrocede de forma sostenida por debajo del 4,90%, la lectura correcta será que la subasta de ayer fue ruido de una jornada, no el inicio de una tendencia. El Banco de Japón decide el viernes, dos días después de la Fed: una segunda subida de tipos en la misma semana, sumada a un comprador extranjero esquivo en EE.UU., dejaría a los mercados desarrollados sin ningún banco central dispuesto a seguir financiando el riesgo barato.

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