El principal cambio de la semana ha llegado desde el mercado energético. Tras cerrar el lunes en máximos de más de un mes, el petróleo retrocede ante la posibilidad de una tregua de diez días entre Estados Unidos e Irán. El alivio ha impulsado compras selectivas en los semiconductores más castigados, aunque la reacción sigue siendo prudente. La cautela persiste porque otros intentos de desescalada han fracasado y la amenaza se extiende más allá del Estrecho de Ormuz.
El Brent cerró ayer con una subida del 1,3%, hasta 89,22 dólares por barril, mientras el WTI avanzó un 0,9%, hasta 83,23 dólares. El crudo estadounidense llegó a 85,39 dólares, su máximo desde el 12 de junio. La mediación frenó inicialmente el avance, pero la amenaza hutí de bloquear Arabia Saudí devolvió presión al mercado. El riesgo ya no se concentra solo en Ormuz: una interrupción en el mar Rojo también podría dificultar las rutas alternativas utilizadas para evitar el Golfo.
Wall Street reflejó esa mezcla de esperanza y cautela. El Dow Jones cayó un 0,59%, el S&P 500 cedió un 0,19% y el Nasdaq terminó casi plano, con un descenso del 0,05%. La tecnología resistió mejor gracias al rebote de los semiconductores. Su índice sectorial llegó a subir cerca de un 4%, aunque cerró con un avance de apenas el 0,6%, después de terminar el viernes más de un 20% por debajo de su máximo de junio.
Por ahora, el movimiento no puede considerarse una recuperación estructural. El volumen fue bajo y la amplitud siguió siendo débil: en la Bolsa de Nueva York, las compañías bajistas superaron a las alcistas en una proporción de 1,72 a 1; en el Nasdaq, la relación se acercó a 1,8 a 1. Apple cayó un 2% y fue el principal lastre del S&P 500. Alphabet, en cambio, avanzó un 1,5% tras conocerse que Google trabaja en un nuevo chip de servidor integrado con Gemini para aliviar las limitaciones de capacidad computacional.
La temporada de resultados será la verdadera prueba. El mercado espera que los beneficios del S&P 500 crezcan un 26% interanual en el segundo trimestre, por encima del 23,7% estimado anteriormente. Alphabet, Tesla, Intel y Texas Instruments presentarán sus cifras en los próximos días. Las cifras deberán aclarar si la inversión en inteligencia artificial mantiene el ritmo previsto y justifica las valoraciones actuales.
Los bonos ofrecieron una lectura menos optimista. La rentabilidad del Treasury a diez años subió casi seis puntos básicos, hasta el 4,598%, porque el encarecimiento del petróleo volvió a elevar el riesgo de inflación. La Reserva Federal ya está en su periodo de silencio previo a la reunión de la próxima semana, por lo que el mercado deberá interpretar la energía y los resultados empresariales sin nuevas orientaciones. El dólar avanzó un 0,18%, hasta 100,92 puntos, mientras el euro retrocedió hacia 1,1417 dólares.
El BCE se reúne el jueves, aunque los futuros asignan solo un 13% de probabilidad a una subida inmediata. La decisión podría mantenerse sin cambios, pero el mensaje será clave. El banco central deberá evaluar si el repunte del crudo altera suficientemente las perspectivas de inflación como para justificar un endurecimiento posterior. Europa sigue siendo más vulnerable que Estados Unidos a un shock energético prolongado por su mayor dependencia de las importaciones.
En Asia, la caída del crudo favorece un fuerte rebote tecnológico. El Kospi surcoreano avanza cerca de un 5%, mientras Japón y Taiwán recuperan parte de las pérdidas recientes. Aun así, el índice coreano todavía acumula una caída cercana al 19% en julio, señal de que el rebote sigue siendo pequeño frente a la corrección previa. Los futuros europeos anticipan descensos moderados, ya que la posibilidad de una tregua convive con la amenaza hutí y con el recuerdo de acuerdos anteriores fallidos.
La referencia para la sesión será comprobar si el Brent mantiene la caída y se aleja de los 90 dólares. Si la tregua gana credibilidad y el petróleo continúa moderándose, los semiconductores podrían prolongar el rebote y los bonos recuperar parte del terreno perdido. Si las conversaciones fracasan o el bloqueo anunciado sobre Arabia Saudí afecta al tráfico marítimo, la energía retomará rápidamente el protagonismo y relegará los resultados empresariales a un segundo plano.
