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El mercado cambia de miedo: menos petróleo, más Fed

GSM&B AV Informe diario de mercados El mercado cambia de miedo: menos petróleo, más Fed

La sesión de ayer confirmó que el mercado ya no negocia únicamente la geopolítica. El riesgo asociado al Estrecho de Ormuz sigue presente, pero ha dejado de ser el único factor que domina los precios. La caída del petróleo ayudó a contener el temor a una crisis energética, aunque no fue suficiente para devolver a las bolsas un tono claramente comprador. La atención se desplazó hacia una amenaza más conocida y persistente: una Reserva Federal menos dispuesta a relajar las condiciones financieras.

El Brent volvió a retroceder con fuerza el lunes, después de que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán ofrecieran señales de avance y de que el tráfico por el Estrecho de Ormuz empezara a normalizarse. Este martes, el crudo se movía en torno a los 78 dólares por barril, lejos de los niveles de tensión extrema que el mercado llegó a descontar en primavera. La lectura es relevante: los inversores no descartan el riesgo energético, pero sí reducen la probabilidad de un shock inmediato de oferta. En otras palabras, el mercado empieza a distinguir entre un riesgo latente y una interrupción real del suministro.

Ese alivio, sin embargo, llegó con matices. Las bolsas globales apenas avanzaron y Asia abrió con un tono más débil. El MSCI Asia-Pacífico cedía cerca de medio punto, Japón retrocedía pese a los buenos datos manufactureros y Corea sufría una toma de beneficios más intensa. La excepción volvió a estar en algunos segmentos tecnológicos de Taiwán, donde el entusiasmo por los semiconductores sigue funcionando como refugio de crecimiento. El mercado, por tanto, no está comprando una narrativa de tranquilidad plena, sino una desescalada parcial y todavía frágil.

El problema es que cada alivio en el petróleo está siendo compensado por un endurecimiento en los tipos. Las expectativas de nuevas subidas de la Fed han vuelto a ganar peso y los rendimientos de los bonos estadounidenses se mantienen firmes. Esto cambia la calidad del rebote. Ya no basta con que caiga el crudo; también hace falta que los tipos dejen de presionar las valoraciones. Mientras la curva siga enviando señales restrictivas, cualquier recuperación en renta variable tendrá dificultades para consolidarse, sobre todo en los sectores más sensibles al coste del capital.

El dólar refleja esa tensión. La divisa estadounidense se mantiene fuerte y el yen continúa cerca de niveles críticos, alrededor de 162 yenes por dólar. Japón volvió a mover ficha: la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, mantuvo conversaciones con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sobre mercados globales, Ormuz y volatilidad cambiaria. No hubo confirmación directa de intervención, pero el mensaje fue claro: Tokio quiere mantener al mercado en alerta y evitar que la depreciación del yen se convierta en una dinámica desordenada.

Este punto no es menor. Un yen persistentemente débil encarece las importaciones energéticas, complica la lectura de la inflación japonesa y aumenta la presión sobre el Banco de Japón. Además, si Japón interviene de nuevo, puede provocar movimientos bruscos en divisas y bonos globales. El riesgo ya no está solo en el barril; también está en la coordinación —o en la falta de coordinación— entre bancos centrales y autoridades fiscales. En un entorno de liquidez más frágil, cualquier señal confusa puede amplificar la volatilidad.

Para hoy, el mercado llega con una estructura más estable que la de la semana pasada, pero menos cómoda de lo que sugeriría la caída del petróleo. La geopolítica se ha enfriado, no ha desaparecido. La inflación energética se modera, pero la Fed sigue condicionando el apetito por el riesgo. Y el yen continúa siendo una válvula de presión capaz de alterar el equilibrio en cualquier momento.

La clave de la sesión será comprobar si el alivio del crudo consigue imponerse al repunte de las expectativas de tipos. Si los bonos se estabilizan, las bolsas podrían intentar recuperar tracción. Si los rendimientos vuelven a subir y el dólar sigue tensionando al yen, el mercado probablemente mantendrá una postura defensiva, con rotación hacia calidad y menor tolerancia a valoraciones exigentes.

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