Wall Street llega al final de la semana con la mirada puesta en un solo número. A las 14:30, hora española, el Bureau of Labor Statistics publica el informe de empleo de julio en EEUU, el dato que puede inclinar la balanza entre una Fed todavía tentada a subir tipos por el petróleo caro y otra que empieza a temer que la desaceleración laboral vaya a más. Hasta entonces, el mercado se mueve a la defensiva, condicionado por lo que ya sabe: el crudo ha vuelto a encarecerse justo cuando parecía encarrilada una tregua en Oriente Próximo.
La sesión de ayer reflejó esa cautela. El Dow Jones cedió 464,02 puntos (-0,85%), hasta 53.885, rompiendo una racha de cinco sesiones de récords; el S&P 500 bajó un 0,18%, hasta 7.709,96; y el Nasdaq retrocedió apenas un 0,06%, hasta 26.348,35. La amplitud fue débil, con ocho de los once sectores del S&P en negativo y los industriales, el inmobiliario y los materiales a la cabeza de las caídas. Salesforce cedió un 4,02%, Boeing un 3,33% y Goldman Sachs un 2,59%, entre los mayores lastres. SpaceX fue la excepción: cerró en 114,92 dólares, recuperando terreno tras el mayor desbloqueo bursátil de la historia -911,5 millones de acciones, que ampliaron su capital libre de cotización del 4,9% al 11,8%-, pese al temor inicial a una avalancha de ventas.
Detrás de la caída estuvo, de nuevo, el petróleo. Un ataque con drones ucranianos contra una refinería rusa, sumado a que Irán atacó lo que describió como «objetivos hostiles» cerca de la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, devolvió la tensión geopolítica justo cuando el mercado daba por avanzado un acuerdo de desescalada. El Brent subió un 4,9%, hasta 83,34 dólares, y el WTI un 3,37%, hasta 77,75. El pacto entre Irán y Omán para gestionar el estrecho sigue sin ser definitivo, condicionado a que Washington levante su bloqueo marítimo. Europa, que había cerrado antes de conocerse el ataque iraní, no sufrió ese golpe: el Ibex 35 marcó su sexto récord consecutivo, cerca de 20.264 puntos; el Dax subió un 0,79%; el Euro Stoxx 50, un 0,46%; y el FTSE 100, un 0,36%.
La renta fija ya recogió ese temor a la inflación energética: la rentabilidad del Treasury a diez años repuntó el jueves, mientras el oro encadenaba su sexta sesión de subidas y rondaba los 4.270 dólares, reflejo de que el mercado busca cobertura por partida doble, frente al petróleo y frente a la incertidumbre sobre tipos.
Esa incertidumbre viene de atrás. El último dato confirmado, el de junio, ya mostró una economía que pierde tracción: solo 57.000 empleos creados, con abril y mayo revisados a la baja en conjunto en 74.000 puestos, y un paro estable en el 4,2%. Esa fragilidad ya erosionaba el jueves la convicción de la Fed de Kevin Warsh de que el petróleo caro justificaba subir tipos el 16 de septiembre. El consenso para el dato de julio apunta a un incremento de unos 85.000 empleos, con el paro estable en el 4,2%; una cifra más débil reforzaría la tesis de que la Fed no puede endurecer la política monetaria con el mercado laboral enfriándose.
En Asia, la sesión de esta madrugada llegó con cautela: el Nikkei cedió un 0,5%, aunque encarrilado a cerrar la semana con una subida del 1,7%; y el Kospi bajó otro 0,5%, su séptima semana consecutiva de descensos. Los futuros europeos se mueven con prudencia, atentos tanto al petróleo como a la cifra estadounidense de esta tarde.
La referencia de hoy es, sin ambigüedad, el informe de empleo de las 14:30. Si la cifra confirma la desaceleración que ya apuntaba junio -o la supera a la baja-, el mercado podría dar por hecho que la Fed prioriza el empleo sobre una inflación energética aún ligada a Ormuz, aliviando tanto a la renta variable como a la renta fija. Si, por el contrario, el dato sorprende al alza o los salarios repuntan con fuerza, el argumento de la subida seguiría vivo, y con el petróleo todavía cerca de 83 dólares, la sesión podría tornarse más tensa que la de ayer.
