Hoy Wall Street no abre: es festivo por el Labor Day. El estrecho de Ormuz, en cambio, no se ha tomado el fin de semana libre. Por ese corredor, por el que transita cerca de una quinta parte del crudo mundial, han pasado una media de solo diez buques al día en la última semana y media, según Kpler: el tráfico más bajo desde mayo. El sábado, fuerzas estadounidenses atacaron tres petroleros iraníes, uno cerca de la isla de Jask, punto clave de exportación del país. Los Guardianes de la Revolución respondieron el mismo día golpeando otros tres buques comerciales y tres embarcaciones estadounidenses. El secretario de Energía, Chris Wright, lo resumió el domingo sin rodeos: puede que no haya acuerdo nuclear con Irán; puede que la única salida sea «destruir sus capacidades para conseguirlo».
El Brent recoge esa tensión y sube por encima de los 97 dólares, con el WTI cerca de 93. Pero el oro, que debería ser el termómetro natural del miedo, cae un 0,6%, hasta 4.450 dólares la onza. No hay contradicción en eso: el mercado no está leyendo Ormuz como una crisis de seguridad que dispare la demanda de refugio, sino como un problema de oferta que alimenta la misma historia que ya dominaba antes del fin de semana, la de los tipos altos durante más tiempo. Esa historia se cerró de golpe el viernes.
El informe de empleo de agosto en Estados Unidos añadió 162.000 puestos, casi el triple de los 55.000 esperados, con el paro estable en el 4,1% y los salarios subiendo un 3,1% interanual. Julio, que se había dado por un mes flojo, terminó revisado al alza en 44.000 empleos, hasta un neto positivo de 21.000. La reacción fue inmediata: la probabilidad de una subida de la Fed el 16 de septiembre saltó del 49% del jueves al 60% el viernes, el bono a diez años subió hasta el 4,78% y el dólar recuperó los 99 puntos. Wall Street cerró en rojo pese al buen dato —o precisamente por él—: el S&P 500 cedió un 0,38%, hasta 7.718,60 puntos; el Dow, un 0,51%, hasta 53.414,25; y el Nasdaq, un 0,29%, hasta 26.506,99. Lululemon se desplomó un 18% al recortar previsiones y Fair Isaac perdió un 16% por dudas sobre su scoring hipotecario, que arrastró también a TransUnion y Equifax. El consumo discrecional fue el sector más castigado. El contraste lo puso el índice de semiconductores, que subió un 3% pese a todo: el mercado separó con nitidez la historia de los tipos de la historia de la inteligencia artificial.
Esa separación es la que hoy amplifica Asia. El Nikkei supera los 66.000 puntos (+2,1%) y el Kospi coquetea con los 7.000 (+3,1%), con SK Hynix y Kioxia subiendo entre un 5% y un 8% por el contagio del rally de chips. El Hang Seng, en cambio, cae un 0,9%, con Xiaomi perdiendo un 4%, lastrado por el mismo miedo a los tipos que empuja hacia arriba a Seúl y Tokio. No es una Asia que se mueva a una, sino dos lecturas del mismo viernes.
En Europa, con Wall Street cerrado, el volumen será bajo: el Ibex apenas se mueve sobre los 20.050 puntos, tras perder los 20.000 el viernes, y el Dax gana un 0,17%. El euro cede terreno frente al dólar, en 1,140, a la espera de una semana cargada: el miércoles presentan resultados Inditex y, previsiblemente, Oracle: la ropa española y la inteligencia artificial estadounidense coinciden esta vez en la misma fecha. El jueves el BCE debería subir el tipo de depósito al 2,50%, y el viernes llega el IPC de agosto en Estados Unidos, el último dato antes de que la Fed decida el día 16.
La referencia de hoy, sin Wall Street de por medio, es Ormuz: si el tráfico de buques se estabiliza y el Brent afloja de los 97 dólares, la historia de tipos altos seguirá marcando el paso y el oro seguirá sin encontrar comprador de pánico. Si la escalada continúa y el estrecho se cierra más, el petróleo dejará de ser un síntoma de la inflación para convertirse en su causa, y entonces el oro dejará de mirar hacia otro lado.
