La última vez que el bono japonés a diez años pagó un 3%, el euro no existía. Fue en septiembre de 1996. Esta semana volvió a ocurrir: el rendimiento tocó el 3,005%, el tramo a veinte años el 3,885% y el de treinta cerró en un récord del 4,18%. Durante tres décadas el ahorro japonés barato ha financiado la deuda del resto del mundo. Ese contrato se está deshaciendo, y no hay tregua en Ormuz que lo reponga.
Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense y el comprador más constante de bonos soberanos del planeta. Cuando su propio bono paga un 3%, ese dinero deja de necesitar salir. Por eso el movimiento no se quedó en Tokio: el Bund alemán a diez años está en el 3,34%, máximo desde 2011, y el gilt británico ha sumado diez puntos básicos. No son varios mercados de bonos corrigiendo a la vez. Es uno solo, y su ancla estaba en Japón.
Wall Street celebró otra cosa. El S&P 500 subió un 0,46%, hasta 7.666,60 puntos; el Nasdaq un 0,45%, hasta 26.217,83; y el Dow ganó un 0,56%, hasta 53.061,95, rompiendo tres sesiones de caídas. El Treasury a diez años había llegado al 4,818%, máximo desde noviembre de 2023, y acabó cediendo al 4,79%. Chevron sumó un 2,4% y ExxonMobil un 2,2%. La bolsa no subió por buenas noticias: subió porque los bonos se tomaron el día libre.
Y se lo tomaron por un dato flojo. El empleo privado ADP creó 38.000 puestos en agosto, frente a los 47.000 previstos y los 46.000 de julio revisados al alza, el peor registro desde enero. El desglose pesa más que el titular: educación y sanidad aportaron 45.000 empleos y ocio otros 16.000. Fuera de esos sectores, la empresa privada estadounidense apenas está contratando. Los salarios base crecen un 3,2%. Un mercado laboral así no aguanta un ciclo de subidas.
Aun así, los futuros asignan entre un 66% y un 68% de probabilidad a una subida de la Fed el 16 de septiembre, y el consenso da por hecha una subida de 25 puntos básicos del BCE en su reunión del día 10. La contradicción es solo aparente. La curva no está pidiendo endurecimiento: está descontando oferta. La deuda estadounidense supera los 40 billones de dólares, los operadores de centros de datos emiten a un ritmo sin precedentes para financiar la inteligencia artificial y los ministerios japoneses preparan su mayor petición presupuestaria histórica. Nadie compra bonos por convicción.
El crudo no dio respiro. El WTI rondó los 91 dólares y el Brent superó los 95, con los ataques entre Estados Unidos e Irán sin resolver. El oro subió más de un 1%, hasta rondar los 4.373 dólares la onza. El índice dólar cedió hasta 99,55 y el euro se acercó a 1,1600. El yen fue la excepción: se apreció casi un 1%, hasta 158,80, después de rondar los 160 y despertar sospechas de intervención. Tokio ya no defiende su divisa solo con reservas. Ahora la defiende con su curva.
Asia lo leyó en clave positiva esta madrugada, con el bono japonés relajándose hasta el 2,97%. El Nikkei sube un 0,3%, con Mitsubishi Corp disparándose casi un 5% tras la reafirmación de Berkshire sobre sus participadas japonesas, y el Kospi avanza un 1,5%. El sector servicios japonés creció en agosto a su mayor ritmo en cinco meses: justo el argumento que necesita el Banco de Japón. En Europa, el Ibex 35 cedió ayer un 0,23%, hasta 19.779 puntos, su tercera sesión a la baja, y los futuros apuntan hoy a una apertura al alza en todo el continente.
La referencia de hoy es el ISM de servicios y las peticiones semanales de desempleo. Si los servicios confirman la desaceleración que insinúa el ADP, la curva podrá seguir relajándose y las nóminas del viernes —entre 50.000 y 55.000 empleos esperados— llegarán a un mercado dispuesto a dudar de la subida del día 16. Si aguantan y el Brent no cede de los 95 dólares, volvemos al escenario de ayer, con una diferencia: el comprador último de la deuda mundial ya tiene alternativa en casa.
