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Nadie quiere ser el último en subir tipos

GSM&B AV Informe diario de mercados Nadie quiere ser el último en subir tipos

Kazuo Ueda dijo ayer que el Banco de Japón debatirá subir tipos, quizá ya este mes. La frase, en boca del banco central más reticente del mundo a moverse, llegó horas después de que Scott Bessent le pidiera medidas «decisivas» contra la debilidad del yen. Con la Fed descontando un 66,1% de probabilidad de subida el 16 de septiembre y el BCE citado el día 10, el escenario es inédito: los tres grandes bancos centrales endureciendo a la vez. Y ninguno lo hace porque su inflación subyacente se le haya escapado.
Los datos europeos de ayer lo dejan claro. El IPC de la eurozona subió cuatro décimas en agosto, hasta el 3,3%, máximo en tres años, con la energía un 14,3% más cara que hace un año frente al 10,3% de julio. La subyacente, en cambio, cedió una décima, hasta el 2,4%, y los servicios bajaron al 3%. Como señala ING, la subyacente está exactamente donde estaba en febrero, el último mes antes del estallido del conflicto. Seis meses de guerra en el Golfo no han contaminado todavía el resto de la cesta.
La factura se está pagando en los bonos. El Treasury a diez años ronda el 4,81% y el de treinta el 5,28%, máximos desde enero de 2025, mientras el bono español supera el 3,83% y es el más castigado de la periferia. Pero la prima de riesgo cede a 65 puntos básicos. No es desconfianza en España: es el precio del diésel llegando a la deuda pública.
Wall Street lo asumió sin alarma. El Dow cedió un 0,79%, hasta 52.766,88 puntos, y el S&P 500 un 0,71%, hasta 7.631,47; el Nasdaq perdió un 1,03% y el Russell 2000 un 1,23%. El VIX, que había cerrado agosto por debajo de 15 —su nivel mensual más bajo desde noviembre de 2024—, apenas superó los 16. El S&P sigue un 12,3% arriba en el año y a poco más de un 2% de su récord. La bolsa cotiza una corrección de rutina; el bono, un cambio de régimen.
El detonante volvió a ser el crudo. El WTI se disparó un 5,20%, hasta 90,22 dólares, su mayor alza en cinco semanas, y el Brent un 4,6%, hasta 94,65, después de que el Comando Central estadounidense atacara objetivos iraníes cerca de Bandar Abbas y Chabahar. Hoy el Brent se mueve por encima de los 95 dólares. El oro, sin embargo, perdió un 1,90%, hasta 4.396,40 dólares la onza. El metal ya no cubre contra guerras: cubre contra bancos centrales blandos, y ahora mismo no queda ninguno.
Lo llamativo es que los datos estadounidenses no acompañan al endurecimiento. El ISM manufacturero bajó a 54,6 desde 55,6, por debajo de lo esperado, con el empleo en 51,2 y los nuevos pedidos cayendo de 56,7 a 53,7. Las vacantes JOLTS subieron a 7,271 millones, pero se quedaron cortas frente a los 7,3 previstos. El único componente que no cede es el de precios pagados, clavado en 71,1. Un banco central no tendría que elegir entre crecimiento e inflación si la inflación no llegara importada.
Asia lo ha pagado esta madrugada. El Kospi se hunde un 4,8%, hasta 6.565,66 puntos, y el Nikkei un 2,8%, castigado por su propio banco central; las plazas chinas ceden menos de un punto. Europa llega mejor parada: los futuros del Ibex 35 bajan un 0,15%, hasta 19.742 puntos, tras cerrar ayer un 0,75% abajo en 19.824, con Repsol como único gran apoyo al subir un 2,72% y con eDreams desplomándose un 16,37% después de recortar su beneficio trimestral a 200.000 euros. El mercado más golpeado no es el del conflicto, sino el que compra el petróleo y vende los chips.
La referencia de hoy es el empleo privado ADP a las 14:15, con una previsión de 47.000 puestos. Si decepciona, la tesis del endurecimiento global pierde su pata estadounidense y la curva podrá respirar antes del viernes. Si sorprende al alza, las nóminas del viernes —58.000 esperadas frente a los 23.000 empleos destruidos en julio— llegarán con tres bancos centrales convencidos de que esperar sale más caro que equivocarse. Nadie quiere ser quien llegue tarde a una inflación que no ha creado.

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