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El petróleo cae por una frase de Teherán

GSM&B AV Informe diario de mercados El petróleo cae por una frase de Teherán

Siete días. Es el plazo en el que Irán podría reabrir el estrecho de Ormuz si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo, según dijo el martes un funcionario iraní que no se identificó. Bastó esa frase para que el petróleo cayera. El Nasdaq Composite, empujado por la tecnología, firmó otro récord. Pero ese mismo día, dos banqueros centrales dejaron abierta la puerta a más subidas de tipos, y la lectura que se desprende es incómoda: el alivio del crudo ya no se traduce en alivio de tipos.
En Wall Street, todo el peso recayó en la tecnología. El Nasdaq Composite subió un 0,45%, hasta 27.244,28 puntos, un nuevo máximo histórico. El S&P 500 cerró plano, en 7.764,64 puntos, y el Dow Jones cedió un 0,36%, hasta 51.863,69.
La bolsa española enseñó lo frágil que es ese apoyo. El Ibex 35 llegó a subir un 1,1% a media sesión, hasta 19.942,8 puntos, sostenido por la caída del Brent. Después habló Donald Trump en la ONU. Dijo que tiene que decidir entre pactar con Irán o «aniquilar» la República Islámica, y que cree que habrá acuerdo «después de las elecciones» de noviembre. El índice recortó y cerró con una subida del 0,15%, en 19.754,1 puntos. El alivio duró lo que tardó en hablar otro.
Por dentro, el índice se partió. Puig lideró las subidas, con un 3,84%, tras informes favorables de Jefferies y JP Morgan. Telefónica cayó un 2,83%, sin una causa conocida, y la banca y las aseguradoras cerraron a la baja, con Unicaja a la cabeza, un 2,73% menos. En el resto de Europa, el CAC 40 subió en torno a un 0,2%, el DAX cerró prácticamente plano y el FTSE 100 bajó entre un 0,15% y un 0,29%. La bolsa de Tokio permaneció cerrada por festivo. Una Europa que sube por décimas no es una Europa convencida.
La frase que de verdad importaba no llegó de Teherán, sino de Richmond. Thomas Barkin, presidente de la Reserva Federal de Richmond, defendió la subida de tipos de un cuarto de punto de la semana pasada: «ayudará a restaurar la estabilidad de precios; veremos si hacen falta más». Y rebatió la idea de que la inflación volverá sola al objetivo, porque los shocks «pasajeros» no están resultando ni breves ni aislados. El mercado trata el abaratamiento del crudo como un alivio; Barkin ya no se fía de los shocks que se presentan como pasajeros.
En Europa sonó la misma nota. Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, dijo en Londres que los tipos del BCE siguen en territorio neutral y que no puede descartar que haya que llevarlos a terreno ligeramente restrictivo. Añadió que la evolución del mercado laboral no le preocupa demasiado. Un banquero central que no teme por el empleo tiene las manos libres para subir.
Los datos del día encajan con esa postura. El índice manufacturero de la Fed de Richmond de septiembre se situó en -2, en contracción, frente a una previsión de 5. Las nóminas privadas semanales de Estados Unidos repuntaron hasta 20.000 empleos, desde 16.250. Una industria que se enfría con un empleo que aguanta no contradice el argumento con el que Barkin justificó la subida: que los riesgos para la inflación pesan más que los riesgos para el empleo. Con esos datos, la Fed no tiene prisa por cambiar de opinión.
Qué vigilar. El plazo lo ha puesto el propio funcionario iraní: siete días. Si en ese tiempo llegan hechos —una reducción de la presión militar, un primer paso para reabrir Ormuz—, el alivio del crudo tendrá una base física, y la pregunta pasará a ser si Barkin y Nagel suavizan el tono. Si la frase se queda en frase y el petróleo vuelve a subir, el mercado habrá comprado una promesa sin colchón: dos banqueros centrales acaban de dejar abierta la puerta a más subidas. Entonces la caída del crudo se leerá como lo que fue: una apuesta por una frase.

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