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Máximos con el mercado mirando de reojo al crudo

GSM&B AV Informe diario de mercados Máximos con el mercado mirando de reojo al crudo

La pantalla amanece con aire de celebración, aunque no de euforia. Los índices avanzan, Asia marca nuevos máximos y Wall Street volvió a apoyarse en el mismo motor que ha rescatado varias sesiones difíciles: la inteligencia artificial. Aun así, bajo el verde sigue circulando una corriente de cautela. El mercado está comprando riesgo, sí, pero lo hace con un ojo puesto en el estrecho de Ormuz y otro en las TIR.

Ayer, el S&P 500 y el Nasdaq cerraron en máximos históricos, con avances del 0,6% y del 1,2%, respectivamente, mientras el Dow terminó ligeramente en negativo. La diferencia volvió a estar en los semiconductores. El índice SOX alcanzó nuevos máximos y Micron llegó a entrar en el club del billón de dólares tras subir un 19%, reforzando la idea de que la IA sigue siendo la columna vertebral de Wall Street.

Ese liderazgo, sin embargo, continúa siendo más estrecho de lo que sugieren los titulares. La sesión dejó una imagen casi partida en dos: Nasdaq fuerte, Dow débil; tecnología al alza, energía bajo presión; WTI corrigiendo y Brent todavía condicionado por la prima geopolítica. Esa combinación resume bien el momento actual. El mercado quiere celebrar la posibilidad de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, pero aún no se atreve a descontarlo como un hecho consumado.

Asia recogió el relevo con fuerza. El MSCI Asia-Pacífico ex Japón subió un 1,6% y alcanzó máximos históricos. El Nikkei llegó a superar brevemente los 66.000 puntos y Corea destacó con un avance superior al 3%, apoyada además por el acuerdo salarial en Samsung, que reduce el riesgo de una huelga en plena tensión sobre la cadena global de chips.

El petróleo, por ahora, ofrece algo de alivio. Tras el repunte de casi el 4% del martes, el Brent retrocede hacia los 98 dólares y el WTI se mueve cerca de los 92, mientras los operadores calibran si las negociaciones con Irán pueden estabilizar el tránsito por Ormuz. Pero la calma sigue siendo frágil. Teherán acusa a Washington de violar el alto el fuego, Estados Unidos defiende sus ataques como acciones defensivas y Marco Rubio ha advertido de que un acuerdo puede tardar todavía “unos días”.

La renta fija también está ayudando al rebote. El Treasury a 10 años cae al entorno del 4,47%, su nivel más bajo desde mediados de mayo, y permite al mercado volver a pagar crecimiento sin sentir de inmediato el castigo de las valoraciones. Pero la prueba importante aún no ha llegado. El PCE de mañana vuelve a ser la referencia clave para la Fed, en una semana en la que los inversores necesitan saber si el shock energético se queda en el petróleo o empieza a filtrarse a la inflación subyacente.

Los bancos centrales no están dejando que las bolsas se acomoden demasiado. Kazuo Ueda ha advertido en Tokio de que un shock energético temporal puede convertirse en inflación persistente si afecta a salarios, expectativas y fijación de precios. El mensaje pesa especialmente porque el yen sigue cerca de 159 por dólar, muy próximo a niveles asociados a intervención, y el mercado asigna una probabilidad elevada a una subida del Banco de Japón en junio.

En Europa, el tono también se ha endurecido. Isabel Schnabel defendió que el BCE debería subir tipos en junio incluso si se alcanza un acuerdo de paz, mientras Philip Lane anticipó una revisión al alza de las previsiones de inflación por la persistencia del encarecimiento energético. Esa es la parte menos cómoda para las bolsas europeas: si el petróleo baja, mejora el sentimiento; si los bancos centrales concluyen que el daño ya se ha transmitido, el margen para celebrar se estrecha.

Para la sesión de hoy, el mercado parece tener permiso para seguir subiendo, pero no carta blanca. Si el petróleo se mantiene por debajo de los niveles de tensión y el Treasury continúa relajándose, el rally podría ampliarse más allá de los semiconductores. Si Ormuz vuelve a tensarse o el PCE confirma una inflación pegajosa, la historia cambiará rápido. Los máximos seguirán ahí, pero el mercado recordará que esta celebración depende todavía de dos invitados incómodos: la energía y los bonos.

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