Todos conocemos la historia del patito feo: un ave que nació entre patos, pero con plumaje gris, patas torpes y un cuello demasiado largo. Marginado por su aspecto, acabó exiliado hasta descubrir, ya adulto, que no era un pato, sino un majestuoso cisne.
Con la renta fija high yield ocurre algo parecido. Rechazada por los inversores de renta variable, que la ven poco rentable, y por los de renta fija, que la consideran demasiado arriesgada, pasa desapercibida. Sin embargo, este activo tiene probablemente la mejor relación rentabilidad-riesgo dentro del universo financiero tradicional.
Solo en momentos de crisis —y sus posteriores recuperaciones— se desvela su verdadero potencial. Pero, a diferencia del patito, que nunca volvió a ser marginado, la renta fija high yield vive un ciclo constante de rechazo y redescubrimiento.
En este artículo, vamos a explorar las virtudes reales de la renta fija high yield y por qué deberías considerar incluirla en tu cartera.
¿Qué es la renta fija high yield?
La renta fija high yield, también llamada de alto rendimiento o, de forma más despectiva, «bonos basura», consiste en invertir en bonos con un rating crediticio inferior a BBB-. Es decir, fuera del territorio considerado de alta calidad crediticia (investment grade).
Para quien no esté familiarizado con esto: se trata de prestar dinero a empresas con mayor probabilidad de impago. Suelen ser compañías con altos niveles de deuda, negocios cíclicos o en dificultades. A cambio del mayor riesgo, estos bonos ofrecen mayores rendimientos.
Sin embargo, muchos inversores de renta variable los descartan por considerarlos poco rentables en comparación. Y los de renta fija los evitan por el riesgo, pensando que no está lo suficientemente compensado. Ambos puntos de vista pueden ser válidos… pero no siempre.
Lo importante no es evaluar en términos absolutos, sino relativos. Si todos los activos tienen una rentabilidad baja frente al riesgo que asumen, ¿por qué destacar solo al high yield como problemático?
Como el patito feo, quizás simplemente no lo estamos juzgando por lo que realmente es: un cisne.
El high yield dentro de las carteras de inversión
En una cartera tradicional predominan dos tipos de activos: renta variable y renta fija. La fórmula 60/40 (60% renta variable, 40% renta fija) fue durante años un estándar exitoso… hasta que llegó 2022.
La clave de esta cartera era que, mientras la renta variable ofrecía buenos rendimientos en tiempos prósperos, la renta fija —centrada en bonos gubernamentales y corporativos de alta calidad y larga duración— protegía en tiempos turbulentos al beneficiarse de caídas en los tipos de interés.
En este esquema, la renta fija high yield queda fuera, ya que ni protege en caídas ni aporta tanto en subidas. Esta visión, sin embargo, es limitada y no reconoce sus fortalezas.
Fortalezas del high yield: lo mejor de dos mundos
La renta fija high yield ofrece lo mejor de la renta fija y parte de lo atractivo de la renta variable.
De la renta fija, hereda la rentabilidad fija si se mantiene hasta vencimiento y el emisor cumple. Aunque el riesgo de impago es mayor que en bonos investment grade, las tasas históricas de impago rondan el 3.5-4.5% en EE. UU. y 2.5-3.5% en Europa —actualmente, incluso por debajo del 2%.
Ejemplo: Si compras un bono con una rentabilidad del 10% anual durante 3 años y el emisor cumple, ganarás un 30%.
De la renta variable, recoge el potencial de mayores beneficios frente al riesgo, aunque con límites claros. La rentabilidad está definida al inicio, a diferencia de las acciones, cuyo valor depende de expectativas futuras.
En tiempos de crisis, el high yield sufre por la incertidumbre, pero también se recupera con rapidez cuando se disipa el miedo, gracias a su rentabilidad fija y duración corta.
¿Combinar renta fija + variable o invertir en high yield?
Muchos creen que pueden replicar el perfil del high yield mezclando renta fija y variable. Pero no es lo mismo. Aunque se puede igualar el riesgo, no se consigue la misma rentabilidad esperada ni la rapidez de recuperación que aporta un bono de alta rentabilidad y vencimiento cercano.
Si un bono con vencimiento a 2 años cae a 50 y la empresa paga, el bono valdrá 100 en vencimiento sí o sí. En cambio, si una acción cae un 30%, no hay garantía de recuperación —ni en tiempo ni en valor.
El eterno argumento: «Los diferenciales de crédito están estrechos»
Una objeción común es que los diferenciales de crédito están demasiado bajos, lo que supuestamente significa que el high yield no compensa el riesgo.
Estos diferenciales miden el extra de rentabilidad que ofrece el bono frente al bono sin riesgo (como el gubernamental a 10 años). En momentos de optimismo económico, estos diferenciales tienden a estrecharse, reflejando un entorno de bajo riesgo… y, por tanto, de menor rentabilidad.
Pero este argumento tiene trampa:
- Los diferenciales bajos pueden durar mucho tiempo.
- La rentabilidad acumulada durante ese periodo suele ser superior a la pérdida potencial en una eventual crisis.
- La probabilidad de impago no es constante y baja en entornos favorables.
Un estudio para desmontar mitos
Realizamos un análisis dividiendo los periodos según el nivel del diferencial:
- High yield barato: Diferenciales > 0.5 desviaciones estándar sobre la media.
- High yield caro: Diferenciales < -0.5 desviaciones estándar.
- High yield en rango medio: Entre ambos extremos.
Simulamos tres estrategias:
- Invertir solo cuando está caro.
- Invertir solo cuando está barato.
- Invertir solo cuando está en el rango medio.
¿Resultado?
La estrategia de invertir solo cuando está «caro» (según el diferencial) obtuvo mejores resultados que las otras dos.
Incluso analizamos una estrategia recomendada por muchos: invertir solo cuando los diferenciales no están bajos. Sorprendentemente, aunque mejora la rentabilidad frente a momentos de diferenciales estrechos, es peor en términos de riesgo que mantener una inversión constante.
Es decir, estar siempre invertido ofrece mejor equilibrio entre rentabilidad y riesgo.
Nuestra estrategia de inversión en high yield
Nuestra filosofía de inversión se basa en una gestión flexible y activa, donde combinamos de forma equilibrada el análisis macroeconómico con una rigurosa selección individual de emisiones (bond picking).
Análisis macroeconómico: visión global con enfoque contrarian
El análisis del entorno macroeconómico es un pilar fundamental de nuestro proceso de inversión, aunque no condiciona de forma determinante nuestras decisiones. Más bien, nos sirve como marco de referencia para identificar oportunidades que el mercado, en ocasiones, penaliza en exceso.
De hecho, adoptamos con frecuencia un enfoque “contrarian”, buscando valor en sectores que atraviesan momentos complicados dentro del ciclo económico. No lo hacemos en las primeras fases de corrección, sino cuando el ciclo ya está avanzado y comienzan a aparecer signos de estabilización. En estos sectores, seleccionamos únicamente las compañías de mayor calidad crediticia, lo que nos permite capturar spreads superiores a la media sin asumir un nivel de riesgo desproporcionado.
Asimismo, el análisis macro es esencial para la gestión activa de la duración y la distribución geográfica de la cartera, dimensiones que ajustamos de manera táctica en función del entorno económico.
Bond picking: filosofía value con alta selectividad
Nuestro proceso de selección de bonos parte de una convicción clara: el análisis microeconómico, centrado en la calidad fundamental del emisor, es clave para generar rentabilidades ajustadas al riesgo superiores.
No descartamos una inversión simplemente porque el entorno macroeconómico del sector no sea el más favorable. Si identificamos valor real en un emisor concreto, y el análisis de crédito respalda su solidez, estamos dispuestos a incorporarlo en cartera, incluso si el consenso de mercado no lo considera oportuno en ese momento.
Gestión del riesgo: convicción sin concentración
Aunque tenemos convicción en nuestras decisiones, somos plenamente conscientes de los riesgos imprevisibles que caracterizan a los mercados financieros. Por eso, la gestión del riesgo es un elemento central de nuestra filosofía.
Evitamos concentraciones excesivas, tanto por emisor como por sector, y preferimos mantener niveles elevados de liquidez cuando no encontramos oportunidades que se ajusten a nuestros criterios de rentabilidad-riesgo. Esta disciplina puede llevarnos a renunciar a parte del rendimiento en ciertos momentos, pero contribuye de forma decisiva a reducir la volatilidad histórica y a preservar el capital de nuestros inversores.
Descubre tú mismo el potencial oculto de la renta fija high yield
Si después de leer todo esto te preguntas cómo aprovechar tú también las ventajas de este tipo de activo, la respuesta es sencilla: hazlo de forma profesional, diversificada y eficiente.
En Gesem Faro Global High Yield (ES0142046012) hemos diseñado un fondo de inversión específicamente centrado en captar el valor de la renta fija high yield a nivel global, buscando un equilibrio inteligente entre rentabilidad y control de riesgo.
Y bueno, los resultados hablan por si solos… contamos con 4 estrellas de Morningstar que avalan nuestra forma de trabajar.
El momento de actuar es ahora. No esperes a la próxima crisis para reconocer el valor del high yield. Hazlo antes que el resto. Hazlo con nosotros. Puedes encontrar nuestro fondo en Andbank, MyInvestor y Banca March.
