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Reflexiones sobre inversión en momentos de tregua

GSM&B AV Informe diario de mercados Reflexiones sobre inversión en momentos de tregua

Los mercados siguen pendientes del alto el fuego en Irán y, como comentábamos ayer, ahora solo queda esperar y gestionar la incertidumbre, así como las posibles idas y venidas de los mercados.

Lejos de lo que podría pensarse, invertir no consiste únicamente en decidir dónde colocar el dinero. La literatura financiera lo repite constantemente, pero quienes llevamos años invirtiendo sabemos que hay algo aún más importante.

Aprovechando la tregua actual, quiero dedicar el diario de hoy a retomar un tema que consideramos clave y en el que centramos nuestro servicio: un buen inversor destaca más por lo que evita hacer que por lo que hace.

Lo hemos mencionado en numerosas ocasiones: la volatilidad de los mercados, especialmente en la renta variable, responde a que el mundo está en constante cambio. Siempre habrá motivos para pensar que se avecina una crisis, una guerra, un conflicto geopolítico o una burbuja especulativa. Siempre existe alguna amenaza percibida para los mercados.

Y, si lo pensamos bien, estos escenarios forman parte de lo probable. El problema es que, antes que inversores, somos humanos; por tanto, nuestras decisiones de inversión reflejan inevitablemente nuestros sesgos y comportamientos.

Estos sesgos nos llevan a cometer errores que, en última instancia, terminan afectando negativamente a nuestra rentabilidad. Elegir dónde invertir es relativamente sencillo: por ejemplo, invertir en un fondo indexado al MSCI World ofrece probabilidades muy bajas de pérdida a largo plazo, siempre que se mantenga la inversión sin intervenir.

También es fácil identificar lo que no debe hacerse: una concentración excesiva en pocas posiciones o el uso de apalancamiento con fines especulativos suelen ser estrategias propias de inversores inexpertos que buscan multiplicar rápidamente su capital, y que con frecuencia terminan perdiéndolo.

Lo realmente difícil es mantener la disciplina una vez realizada la inversión y soportar los periodos adversos. Como decíamos, entre los escenarios posibles hay muchos que generan inquietud, pero también existen otros en los que las cosas evolucionan favorablemente. La realidad es que desconocemos la probabilidad exacta de cada uno y, aun conociéndola, probablemente no cambiaría nuestras decisiones.

Veamos un ejemplo claro. Según un estudio del MIT realizado entre 2018 y 2022, la probabilidad de morir en un accidente aéreo es de 1 entre 13,7 millones. Sin embargo, muchas personas temen volar. Por otro lado, la probabilidad de que te toque la Lotería de Navidad es de 1 entre 100.000, lo que la hace 137 veces más probable que fallecer en un accidente de avión. Aun así, muchos no juegan porque creen que “nunca toca”.

Este contraste demuestra que, incluso con datos objetivos, no siempre actuamos de forma racional. Por tanto, si ya es difícil tomar decisiones lógicas con estadísticas claras, lo es aún más cuando ni siquiera conocemos las probabilidades reales.

Ante esta realidad, la única alternativa es confiar: confiar en que, a largo plazo, las cosas tienden a mejorar. La historia está llena de momentos en los que parecía que “esta vez sería diferente”, pero rara vez lo ha sido.

Tendemos a sobreestimar cuánto cambia el mundo. Nos basamos en nuestra experiencia reciente, pero en más de 200.000 años de historia del Homo sapiens, la mayoría de los patrones fundamentales se han mantenido. Genéticamente, seguimos siendo prácticamente los mismos.

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