La sesión de ayer confirmó un cambio relevante en el mercado: el foco ya no está solo en el riesgo geopolítico, sino en cómo ese riesgo vuelve a alimentar la inflación y condiciona las expectativas de tipos. El contexto sigue siendo el mismo —Irán, el estrecho de Ormuz, petróleo caro y bancos centrales con menos margen—, pero el detonante cambió. El IPC de abril en Estados Unidos salió por encima de lo esperado y transformó una preocupación latente en presión inmediata sobre bonos, dólar y renta variable.
Wall Street reaccionó con una corrección moderada, aunque significativa por su composición. El Dow Jones logró cerrar con una ligera subida del 0,11%, mientras el S&P 500 cayó un 0,16% y el Nasdaq retrocedió un 0,71%. Más que una venta agresiva, el movimiento reflejó agotamiento táctico. Los índices venían de máximos recientes, la temporada de resultados había sostenido el apetito por riesgo y el mercado necesitaba una excusa para reducir exposición. La combinación entre inflación más alta y deterioro diplomático con Irán proporcionó ese catalizador.
El cambio más relevante apareció en la parte corta de la curva de tipos. El mercado ya no solo descuenta que la Fed difícilmente recortará tipos este año; empieza también a valorar el riesgo de una nueva subida. La probabilidad de un incremento de 25 puntos básicos en diciembre subió hasta el 30,5%, frente al 21,5% del lunes. El debate, por tanto, deja de centrarse en cuándo llegarán los recortes y pasa a cuestionar si el shock energético obligará a endurecer aún más la política monetaria.
El petróleo sigue siendo el eje de este giro. El Brent avanzó un 3,42%, hasta 107,77 dólares, y el WTI subió un 4,19%, hasta 102,18 dólares, encadenando su tercera sesión consecutiva al alza. La causa es conocida, pero se ha intensificado: las negociaciones de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán continúan bloqueadas, Trump afirmó que la tregua está “en soporte vital” y el mercado empieza a asumir que la reapertura completa del estrecho de Ormuz no será inmediata. Además, la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (EIA) ya trabaja con la hipótesis de que el paso seguirá efectivamente cerrado hasta finales de mayo, más tiempo del previsto inicialmente.
Europa volvió a mostrar más fragilidad que Estados Unidos. El STOXX 600 cayó un 1%, el DAX perdió un 1,6% y el sector tecnológico europeo retrocedió un 3,1%, arrastrado por la debilidad del bloque de semiconductores e inteligencia artificial que había liderado las subidas recientes. En Europa, el petróleo caro golpea por una doble vía: presiona los márgenes empresariales y complica el margen de actuación del BCE. Los mercados monetarios ya descuentan tres subidas de tipos adicionales antes de final de año, mientras Alemania confirmó una inflación del 2,9% en abril.
En divisas, el dólar recuperó parte de su papel defensivo. El índice del billete verde se mantuvo cerca de máximos de una semana, con el euro alrededor de 1,1735 dólares y la libra en 1,3532. La presión también empieza a trasladarse a Asia, donde las monedas de los países importadores de energía siguen debilitándose. La rupia indonesia marcó mínimos históricos y el yen continúa cerca de niveles que anteriormente obligaron a intervenir a las autoridades japonesas.
La sesión asiática dejó cierto alivio, aunque insuficiente para cambiar el escenario de fondo. El Brent retrocedía hasta la zona de 106,55 dólares tras tres jornadas de fuertes subidas, pero continúa claramente por encima de los 100 dólares. La atención se desplaza ahora hacia la reunión entre Trump y Xi en Pekín, no porque China vaya a resolver el conflicto con Irán, sino porque es el único evento político inmediato con capacidad real para modificar las expectativas sobre energía, comercio y crecimiento global.
La conclusión es que el mercado entra en una fase más exigente. Mientras los beneficios empresariales sigan sosteniendo las valoraciones, la renta variable puede resistir, pero el margen se estrecha. Ya no basta con que el petróleo deje de subir: el mercado necesita que la inflación no se extienda y que los bancos centrales eviten recuperar un tono claramente restrictivo. Si las tires continúan repuntando y el dólar mantiene fortaleza, el rally de las últimas semanas dejará de estar impulsado por los resultados empresariales para quedar condicionado, sobre todo, por los tipos de interés.
