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El mercado entra en julio sin red clara

GSM&B AV Informe diario de mercados El mercado entra en julio sin red clara

Julio arranca con una lectura menos cómoda que la de hace unos días: el mercado ya no tiene un único problema que resolver. La normalización parcial del Estrecho de Ormuz ha reducido el riesgo de un shock energético extremo, pero la prima geopolítica sigue viva. A la vez, la tecnología digiere una semana difícil, el dólar mantiene presión sobre el sistema y la Reserva Federal limita cualquier rebote demasiado complaciente.

El fin de semana dejó dos señales: el regreso de los ataques entre Estados Unidos e Irán y el posterior intento de contención diplomática. Ambas partes aceptaron frenar las hostilidades y retomar conversaciones, con Qatar como sede prevista para una nueva ronda. Eso evita el peor escenario inmediato, pero no repara la confianza perdida. La reapertura limpia del estrecho ha quedado dañada. Ahora Ormuz puede seguir funcionando, pero bajo amenaza recurrente, con interrupciones puntuales, escoltas militares, retrasos en buques y primas de riesgo intermitentes.

El petróleo refleja ese equilibrio inestable. El Brent repunta hacia los 72-73 dólares por barril tras la fuerte caída de la semana pasada, cuando el flujo de petroleros empezó a normalizarse. No es pánico, y sigue lejos de los niveles superiores a 90 dólares vistos en junio. Pero tampoco transmite calma. El mercado ha pasado de descontar un bloqueo total a valorar un escenario más complejo: más oferta regional, aunque con más dudas sobre la seguridad del tránsito y la capacidad de Irán para usar el estrecho como palanca de presión.

Para inflación y bancos centrales, la lectura es clave. Mientras el crudo se mantenga en estos niveles, el golpe energético queda contenido, lo que ayuda a los bonos y evita un desanclaje de expectativas. Sin embargo, la energía aún no puede tratarse como un factor claramente desinflacionista. Un nuevo ataque a un petrolero o una amenaza creíble sobre el tráfico marítimo podría devolver el crudo al centro de la narrativa en cuestión de horas. Por eso los inversores no eliminan la prima de riesgo: solo la reducen.

En renta variable, la señal más preocupante vino de la tecnología. El índice de semiconductores corrigió con fuerza el viernes y el Nasdaq cerró su peor semana desde abril. La presión no respondió a una mala noticia concreta, sino a una acumulación de dudas. Micron confirmó que la demanda ligada a inteligencia artificial sigue siendo sólida, pero el mercado empezó a mirar el otro lado de la ecuación: cuánto cuesta sostenerla, quién puede trasladar esos costes y qué compañías sufrirán presión en márgenes por el encarecimiento de memoria, almacenamiento y capacidad de computación.

El cambio importa porque durante meses la inteligencia artificial absorbió casi cualquier tensión macro. Si subían los tipos, justificaba crecimiento futuro; si aumentaba el riesgo geopolítico, atraía flujos; si el petróleo presionaba la inflación, los semiconductores mantenían vivo el apetito por riesgo. La semana pasada mostró que esa protección ya no es automática. El mercado sigue creyendo en la historia estructural, pero exige beneficios visibles, márgenes defendibles y valoraciones menos dependientes de un escenario perfecto.

Asia ha recogido esa cautela. Japón y Corea del Sur sufrieron por la presión sobre tecnología y semiconductores, mientras otras plazas mostraron un tono más mixto. No hay venta indiscriminada de riesgo, pero sí menos entusiasmo. La dispersión aumenta, señal de un mercado más maduro, aunque también más exigente.

La renta fija tampoco ofrece una señal limpia. La caída reciente del petróleo alivió algo el tramo largo de la curva estadounidense, pero la parte corta sigue condicionada por la Fed. La encuesta de Reuters apunta a tipos estables el resto del año, mientras los futuros aún incorporan la posibilidad de nuevas subidas. Esa divergencia resume el debate: los economistas ven una Fed paciente; el mercado, una Fed obligada a reaccionar si inflación, petróleo o empleo vuelven a sorprender.

Esta semana, el test será el empleo estadounidense. Un enfriamiento aliviaría bonos y tecnología; una nueva muestra de fortaleza reforzaría a la Fed, al dólar y la presión sobre activos de duración. El dólar endurece condiciones financieras y pesa sobre emergentes y yen. El oro no funciona como refugio limpio, y Bitcoin confirma una fase de selección, no de liquidez abundante.

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