El mercado decidió ayer que la escalada entre Estados Unidos e Irán no supone un cambio de régimen. Tras las ventas del miércoles, Wall Street recuperó terreno, el petróleo devolvió parte de su subida y los bonos encontraron alivio. La reacción no elimina el riesgo geopolítico, pero confirma que los inversores siguen diferenciando entre episodios de tensión y una interrupción energética prolongada. Mientras el estrecho de Ormuz continúe operativo y el crudo se mantenga lejos de los máximos del conflicto, la tecnología conserva capacidad para apartar a la geopolítica del centro de la sesión.
El Nasdaq avanzó un 1,3%, el S&P 500 ganó un 0,81% y el Dow Jones subió un 0,27%. El liderazgo volvió a concentrarse en semiconductores y compañías vinculadas a la inteligencia artificial, mientras el índice global MSCI avanzó un 0,7%. El movimiento permitió al S&P 500 recuperar casi toda la caída previa y situarse a menos de un 1% de su máximo de junio.
La recuperación de los chips tuvo dos apoyos. Por un lado, ganó fuerza la posibilidad de que China autorice compras limitadas de los procesadores H200 de Nvidia. Por otro, la colocación estadounidense de acciones de SK Hynix está generando una fuerte demanda por su liderazgo en memorias avanzadas para centros de datos. Europa también participó en el rebote: el STOXX 600 ganó un 0,8%, con tecnología y materias primas entre los sectores más sólidos, y ASML, Soitec y Siltronic registraron avances destacados.
Este comportamiento matiza la debilidad de comienzos de semana. La inteligencia artificial no ha recuperado una protección indiscriminada para todo el sector, pero demuestra que el capital vuelve cuando aparecen contratos, demanda o acceso a mercados capaces de generar ingresos. La próxima temporada de resultados eleva el listón. El consenso espera que los beneficios del S&P 500 crezcan un 24% interanual, con la tecnología aportando buena parte del avance. Con el índice cotizando cerca de veinte veces los beneficios previstos, las compañías deberán justificar el optimismo ya incorporado en los precios.
El petróleo facilitó el rebote. El Brent cayó un 2,5%, hasta unos 76 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense cedió un 2,3%. Los inversores interpretaron que los nuevos ataques no implican un cierre efectivo de Ormuz ni una interrupción duradera de la oferta. El descenso del crudo redujo la presión sobre las rentabilidades de los bonos y permitió relativizar el mensaje restrictivo de la Reserva Federal.
Las actas de la Fed siguen reflejando un banco central dividido. Varios miembros mantienen su preocupación por una inflación persistente y no descartan nuevas subidas, pero tampoco muestran urgencia por actuar. El bono estadounidense a diez años bajó al 4,54%, cerca de máximos de varias semanas, mientras el de treinta años permanece en torno al 5%. Las encuestas a estrategas reproducen esa división: algunos creen que el mercado exagera la inflación y el endurecimiento futuro; otros consideran que el riesgo de nuevas alzas de tipos sigue infravalorado.
En divisas, el yen llega al final de la semana sin una mejora suficiente. La moneda japonesa continúa cerca de mínimos de cuatro décadas y se encamina a otra caída semanal, pese al ligero retroceso del dólar. La amenaza de intervención sigue presente, pero el problema es estructural: rentabilidades estadounidenses elevadas, dudas fiscales en Japón y una normalización gradual del Banco de Japón. Además, el banco central ha advertido de que el encarecimiento de la energía puede provocar nuevas subidas de precios empresariales y reforzar futuros aumentos de tipos.
Asia prolonga esta mañana el impulso de Wall Street. Las bolsas avanzan con fuerza, lideradas por compañías tecnológicas y de inteligencia artificial, mientras el mercado espera el estreno estadounidense de SK Hynix. El comportamiento sugiere que los inversores aceptan ataques intermitentes entre Washington y Teherán siempre que el petróleo permanezca contenido y el flujo energético no se interrumpa.
La referencia para la sesión europea será comprobar si la recuperación se extiende más allá de los chips. Si el Brent se mantiene cerca de 76 dólares y las rentabilidades se estabilizan, el mercado podría cerrar la semana con un tono constructivo. Sin embargo, la calma sigue condicionada: una interrupción en Ormuz devolvería rápidamente la inflación, los bonos y la fortaleza del dólar al primer plano.
