Wall Street recuperó ayer parte del pulso perdido la semana pasada, pero Asia recordó esta mañana que el mercado sigue caminando sobre una línea estrecha. La inteligencia artificial volvió a sostener a los índices estadounidenses, los semiconductores rebotaron y el S&P 500 se acercó otra vez a máximos. Sin embargo, la reacción negativa a las previsiones de Samsung en Corea confirma que julio será menos generoso que junio: las buenas noticias ya no garantizan subidas cuando el posicionamiento es extremo y las valoraciones son exigentes.
La sesión estadounidense fue claramente positiva. El S&P 500 avanzó un 0,72%, el Nasdaq subió un 1,12% y el Dow Jones cerró en un nuevo máximo histórico, impulsado por el regreso de las compras en tecnología y por la mejora del sentimiento tras el castigo reciente a los chips. Broadcom fue uno de los grandes catalizadores al ampliar su acuerdo con Apple hasta 2031. La noticia refuerza la idea de que la cadena de suministro de IA sigue generando contratos largos, inversión visible y crecimiento estructural.
El rebote, sin embargo, tuvo una debilidad clara: no fue amplio. En el S&P 500 cayeron más valores de los que subieron, señal de que la mejora dependió demasiado de los grandes nombres tecnológicos. La composición importa porque el mercado viene de un trimestre muy rentable y de una corrección reciente en semiconductores. Cuando los índices suben con poca amplitud, el mensaje no es euforia, sino concentración: los inversores compran crecimiento donde ven visibilidad, pero no extienden el apetito por riesgo.
Samsung puso esta mañana el contrapunto. La compañía anticipó un fuerte salto en su beneficio operativo del segundo trimestre, apoyado por la recuperación de la memoria y la demanda vinculada a la inteligencia artificial. En otro momento, una previsión así habría impulsado a todo el sector. Esta vez, sus acciones cayeron con fuerza y arrastraron al Kospi, que llegó a perder más de un 4%. SK Hynix también sufrió. La lectura es incómoda, pero útil: el mercado no cuestiona la demanda de chips; cuestiona si los precios actuales ya descuentan demasiado.
Esto encaja con la dinámica visible desde finales de junio. La inteligencia artificial sigue siendo el principal motor estructural de la renta variable, pero ya no justifica cualquier valoración. Los inversores empiezan a distinguir entre proveedores con contratos visibles, fabricantes con poder de fijación de precios, compañías expuestas a costes crecientes y negocios obligados a invertir sumas enormes en infraestructura para no quedarse atrás. La historia de la IA no se rompe; se vuelve más selectiva.
El petróleo también ayuda a entender el tono del mercado. OPEP+ aprobó durante el fin de semana otro aumento de producción para agosto, mientras los flujos por Ormuz continúan recuperándose. El Brent se mantiene cerca de los niveles previos a la fase más tensa del conflicto entre Estados Unidos e Irán, y el mercado ya no opera como si hubiera un bloqueo energético inminente. Para la inflación, esto es positivo: menos petróleo reduce la presión sobre gasolina, transporte y expectativas de precios. Para las bolsas, elimina uno de los riesgos inmediatos de junio.
La Reserva Federal sigue siendo el árbitro. El dato débil de empleo redujo la probabilidad de una subida inmediata, pero no abrió la puerta a una relajación monetaria clara. Las actas de la Fed serán clave para saber si el banco central interpreta la desaceleración laboral como una señal suficiente para esperar o si continúa preocupado por una inflación superior al objetivo. En bonos, el petróleo más bajo y el empleo flojo han dado alivio, pero no una relajación completa: los rendimientos apuntan más a pausa que a recesión.
El dólar se estabilizó tras el empleo, y el yen sigue delicado. Japón continúa siendo una fuente de volatilidad: si el dólar gana tracción tras las actas, el mercado volverá a valorar una posible intervención. La sesión asiática deja una señal de prudencia. Corea cae pese a las buenas previsiones de Samsung, Japón retrocede y el MSCI Asia Pacífico sin Japón se debilita. La conclusión es clara: la estructura sigue siendo constructiva, pero más frágil. Menos petróleo y menos presión de la Fed ayudan, pero los beneficios tendrán que hacer el trabajo principal.
