La novedad de ayer fue que el dato que el mercado esperaba como amenaza terminó funcionando como alivio parcial. El empleo estadounidense se frenó mucho más de lo previsto en junio y cambió el equilibrio de la semana: menos presión sobre la Fed, menos fortaleza del dólar y algo más de margen para los bonos. Pero el respiro no bastó para recomponer por completo el apetito por riesgo. La tecnología, especialmente los semiconductores, volvió a recordar que julio ha empezado con una exigencia mucho mayor que junio.
Estados Unidos creó solo 57.000 empleos en junio, frente a los 110.000 esperados, y revisó a la baja los meses anteriores. La tasa de paro cayó al 4,2%, aunque por una razón menos alentadora: la participación laboral bajó al 61,5%, su nivel más bajo en más de cinco años. Para la Fed, la lectura es clara. El mercado laboral ya no parece tan caliente como para justificar una subida inmediata de tipos, pero tampoco ofrece una señal limpia de fortaleza. Es un dato que compra tiempo, no uno que cierre el debate.
La reacción fue inmediata. Las probabilidades de una subida de tipos en septiembre descendieron y el dólar sufrió su mayor caída semanal en casi tres meses. El yen, que venía de marcar mínimos de cuatro décadas, recuperó terreno hasta la zona de 161 por dólar. Esto reduce parte de la tensión sobre Japón, pero no elimina el problema. La amenaza de intervención sigue sobre la mesa y el diferencial de tipos continúa siendo el factor dominante. Si el dólar vuelve a fortalecerse con los próximos datos, Tokio seguirá bajo presión.
En Wall Street, el mensaje fue más mixto. El Dow subió más de un 1% y cerró en máximos históricos, apoyado por sectores defensivos y por el rebote de Apple. El S&P 500 terminó prácticamente plano. El Nasdaq, en cambio, cayó un 0,8%, arrastrado por una nueva venta en semiconductores. El índice de chips perdió más de un 5%, con caídas fuertes en nombres que habían liderado el trimestre. Es una señal relevante: el mercado acepta que una Fed menos agresiva ayuda, pero ya no perdona valoraciones exigentes cuando aparecen dudas sobre márgenes, ciclos de inventario o exceso de posicionamiento.
Esa divergencia es la clave del día. Hace unas semanas, un dato débil de empleo habría sido interpretado casi automáticamente como positivo para crecimiento y tecnología. Ayer no ocurrió así. Los inversores compraron la idea de una menor presión monetaria, pero aprovecharon para seguir reduciendo exposición en los segmentos más calientes de la inteligencia artificial. La rotación no implica que la narrativa de IA esté rota, pero sí que ha dejado de ser inmune.
En Asia, la sesión de hoy muestra un intento de estabilización. El MSCI Asia Pacífico sin Japón rebota, Corea recupera parte de las fuertes pérdidas previas y el Nikkei también avanza. Ayudan dos factores: el alivio en los tipos estadounidenses y unos PMI regionales en expansión, con mejora en los servicios japoneses y en la demanda exterior china. Es decir, el mercado no está entrando en modo recesión. Intenta encontrar un punto intermedio entre crecimiento más moderado y bancos centrales menos agresivos.
El petróleo se mantiene relativamente estable, con el Brent en torno a 72 dólares. La energía ha perdido protagonismo frente al empleo, la Fed y la tecnología, pero sigue actuando como condicionante de fondo. Mientras no haya una nueva tensión grave en Ormuz, el mercado puede permitirse mirar más a los datos macro y a los resultados. Si el crudo vuelve a subir con fuerza, la lectura amable del empleo se complicaría rápidamente.
El oro sí recogió mejor el cambio de expectativas sobre tipos: subió con fuerza tras el dato laboral, apoyado por la caída del dólar y de los rendimientos. Bitcoin y ether se mantuvieron más tranquilos, en una sesión marcada además por la menor liquidez antes del cierre de Wall Street por el festivo estadounidense.
La conclusión para hoy es que el mercado ha ganado algo de aire, pero no una señal de compra indiscriminada. El empleo débil reduce el riesgo de una Fed más dura, el dólar afloja y Asia intenta rebotar. Pero la tecnología sigue bajo vigilancia y los semiconductores han pasado de ser el motor del mercado a convertirse en su principal fuente de fragilidad. Julio no empieza con pánico; empieza con selección.
