Toda la buena fe que parecía que había entre Trump y Lagarde el lunes pasado, pero sobre la cual empezaron a surgir dudas a finales de la semana pasada, se ha desvanecido este fin de semana. Recordemos que todo empezó a ponerse en duda después de que Trump avisara el jueves de que iban a llegar cartas a Canadá y la Unión Europea. Poner en el mismo saco a ambos países podía suponer o que Canadá estuviera también cerca de llegar a un acuerdo (algo que no tenía ninguna pinta) o bien que la Unión Europea no estuviera tan cerca como pensábamos.
El viernes, con la llegada de la carta a Canadá donde se anunciaban aranceles mínimos del 35% el mercado temió que, de llegar una carta a la Unión Europea, esta no sería una carta amistosa. Finalmente, este fin de semana ha llegado esa carta y, lamentablemente, así ha sido. Trump ha amenazado a la Unión Europea con imponer aranceles de hasta el 30% y, con ello, cambia completamente la narrativa de mercado.
Hasta el jueves (momento en el que se empezó a resquebrajar la narrativa de que un acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos podría cerrarse pronto) las bolsas europeas estaban dando un pequeño empujón que, de hecho, pretendía cerrar esa brecha que se había abierto entre el rendimiento de las bolsas europeas y las norteamericanas en las últimas semanas. Ahora, no solo estamos viendo ese pequeño retroceso en las bolsas europeas, si no también en las americanas.
Y es que, además de ese recrudecimiento en la estabilidad arancelaria que llevábamos viviendo semanas, los tipos también han vuelto a subir a niveles peligrosos. El bono a 30 años estadounidense se sitúa ya por encima del 4,95% mientras que el 10 años está en el 4,42%. A Bessent le preocupa y mucho todo esto porque se pueden romper muchas cosas con unos tipos a largo plazo tan altos. De hecho, la última vez que el bono a 30 años superó el 5% Trump y Bessent cambiaron radicalmente su discurso y se mostraron mucho más amigables con todos, desatando incluso un rally alcista en bolsa.
Esto no quiere decir que vaya a ocurrir lo mismo ahora, pero lo que está claro es que Estados Unidos no tiene tan agarrada la sartén por el mango como se cree. A la vista está que, a pesar de que ya han pasado meses desde ese día de la liberación en el que Trump anunció que iba a imponer aranceles a todo el mundo, los únicos acuerdos alcanzados son con China y Reino Unido y no son acuerdos definitivos, si no que son preacuerdos.
El escenario ideal sería un escenario en el que todos los países se sientan para renegociar las condiciones de comercio global. Sin embargo, hace ya muchos años que el mundo ha pasado de un enfoque globalista a otro individualista. Los acuerdos a los que se llegaron hace décadas se están incumpliendo (o tratando de incumplir sin incumplirlo). El proteccionismo reina sobre la globalización. Además, no es una decisión que los políticos hayan tomado, si no una consecuencia de la fuerza de diferentes lobbies a los que los políticos están sometidos. Por tanto, a pesar de que lo mejor sería la cooperación, hay fuerzas e intereses que impiden que algo así pueda darse.
De cara a la sesión de hoy (y en general de cara a los próximos días) tendremos que vigilar de cerca la evolución de los tipos de interés. No es solo algo a vigilar en Estados Unidos, la deuda alemana también se está encareciendo, por lo que no es solo un problema del dólar. De hecho, el rally de las criptomonedas y del oro podría estar detrás de una pérdida en la confianza de las monedas fiats. Las bolsas, por su parte, están cayendo en Europa y en Estados Unidos.
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