Ayer estuvimos a punto de ver al oro romper la barrera de los 3.000 dólares por onza por primera vez en su historia. Aunque finalmente no consiguió romper este nivel y ahora está incluso por debajo de 2.940 dólares, creo que es importante entender qué está pasando con este activo ya que, aunque no sea una inversión típica en las carteras de la mayoría de inversores, sus señales pueden tener serias implicaciones en los mercados financieros. Hemos hablado en más de una ocasión del oro y su función. Aunque hoy en día nuestro dinero sea un dinero que llamamos fiat al estar respaldado por la fe en que el gobierno o la entidad que lo emita mantenga su valor, no siempre ha sido así. Antes de 1970 la mayoría de las divisas estaban indirectamente respaldadas por oro. Digo indirectamente porque en el fondo estaban respaldadas por dólares, pero estos dólares estaban respaldados por oro.
Y antes de todo esto, la historia nos ha mostrado que cada vez que el dinero pierde valor por culpa de decisiones de los estados el oro es el activo al cual acuden para buscar esas propiedades que se busca en el dinero, al menos una de las más importantes: la preservación de su valor a lo largo del tiempo. Los motivos de que sea el oro siempre el activo elegido tiene que ver con una combinación entre escasez y abundancia al mismo tiempo. Escasez porque no es posible conseguir todo el oro que se quiera, es necesario extraerlo y para ello primero es necesario encontrarlo. Abundancia porque la humanidad lleva tanto tiempo extrayendo oro que las reservas actuales son tan elevadas que por mucho que nos pongamos a extraer oro como locos no seríamos capaces de incrementarla de forma significante. Este es el problema que tienen las monedas fiats, que por mucho que haya en circulación, el banco central puede duplicarlo, triplicarlo y quintuplicarlo de la noche a la mañana y esto es lo que hace que el valor de estas se hunda. Con el oro no puede pasar eso y por ello es difícil que su capacidad de preservar su valor a lo largo del tiempo se deteriore.
Hasta ahora, el comportamiento del oro estaba muy vinculado a los tipos de interés reales de forma que cuanto mayor sea la rentabilidad que somos capaces de obtener por poseer la moneda fiat respecto a la inflación menos atractivo será tener oro y viceversa. Sin embargo, los últimos tres años los tipos reales han subido con fuerza, pero a la vez el oro también lo ha hecho. ¿Por qué? Porque la fe en el dólar está empezando a desaparecer y eso se está empezando a notar en las reservas de los bancos centrales de dólares, quienes están empezando a cambiarlas por oro. El caso más relevante es el de China, quien en los últimos 3 años ha reducido a la mitad su reserva de dólares y ha aumentado considerablemente la reserva de oro. Por suerte para el dólar, las reservas de oro del tesoro americano son las mayores del mundo, precisamente por el acuerdo al que se llegó tras la segunda guerra mundial. Esto hace que, pese a todo, el dólar pueda seguir manteniendo su valor con mayor facilidad. El problema lo podemos encontrar en divisas como el euro, cuyas reservas de oro no son tan abundantes y las necesidades de emitir nueva moneda cada vez son mayores.
Para impedir que esto pueda afectarnos es importante empezar a poner a nuestro dinero a trabajar y no dejarlo en la cuenta a la espera que la inflación se vaya comiendo su valor poco a poco. Hay que invertir y hay que hacerlo ya, no hay que esperar al momento perfecto porque ese momento no existe. A largo plazo no importa tanto el precio al que compras, si no el tiempo que estás invertido. Es preferible comprar caro que comprar tarde.
De cara a la sesión de hoy tendremos PMIs preliminares en Europa que volverán a darnos pistas sobre el estado de crecimiento económico. Por ahora tenemos a las bolsas europeas subiendo ligeramente, por delante de los futuros americanos que están cotizando más bien planos.
