La jornada de ayer, tal y como preveíamos, pasó más bien desapercibida. Con Estados Unidos cerrado el volumen de operaciones fue sustancialmente inferior a lo normal y eso dejó la mayoría de mercados planos. Tampoco tuvimos referencias macroeconómicas ni noticias relevantes por lo que, en definitiva, se trató de una jornada tranquila. Hoy apunta a lo mismo ya que, aunque sí que abrirán los mercados en Estados Unidos, solo lo harán media sesión.
Creo conveniente aprovechar este momento de paz para intentar tomar perspectiva de todo lo que está ocurriendo. Cada vez me encuentro con más personas que me dicen que no creen que sea momento para invertir porque ha subido mucho todo. Este argumento se usa no solo para la bolsa, si no también para las viviendas.
Tampoco ayuda ver noticias que mencionan la existencia de burbujas en todos lados. La expresión: “esto va a explotar más temprano que tarde” se ha convertido en una de las más escuchadas en mis últimas conversaciones sobre la situación de los mercados.
Esto no es más que un sesgo cognitivo, un atajo que nuestro cerebro toma para interpretar aquello que nos rodea y poder tomar una decisión rápida y eficientemente, es decir, con el menor gasto calórico posible (sí, pensar consume muchas calorías). Sin embargo, no podemos dejar estas decisiones a los atajos de nuestro cerebro, tenemos que abandonar ese lado puramente emocional, pararnos y estudiar con detalle lo que está ocurriendo.
El hecho de que los precios de los activos financieros haya subido no es un factor para pensar que tienen que bajar. Los precios suben o bajan por motivos concretos e intrínsecos, no porque hayan subido o bajado. Es decir, el precio de una acción no sube por lo que anteriormente haya subido o bajado, lo hace porque su valor ha subido o ha bajado (al menos la expectativa del mercado).
Por ello, para saber si estas subidas pueden o no prolongarse no podemos usar como argumento lo que han hecho hasta ahora. Por ejemplo, supongamos que todo lo que puede salir bien sale bien. La energía se abarata drásticamente, esto permite desarrollar modelos muy potentes a un coste bajo. Los países vuelven a una postura de apertura del comercio internacional y se retiran todas las medidas tanto arancelarias como proteccionistas. Las empresas siguen contratando gente y los consumidores consumiendo, pero de manera sana, es decir, sin llegar a endeudamientos extremos. Pensemos también que como resultado de todo esto se consigue desarrollar una inteligencia artificial general que dispara la productividad en toda la economía y el crecimiento se dispara, haciendo que poco a poco los problemas de endeudamiento público dejen de ser un problema.
En un escenario como este es difícil pensar que los precios de las acciones puedan caer. Más bien al contrario, ¿no? Obviamente, todo esto lleva tiempo para que ocurra y para que se vean los beneficios. Sin embargo, el mercado lo que hace es ver aquello que cree que puede pasar, la probabilidad con la que espera que ocurra y el efecto que esto puede tener. Si descuenta con una probabilidad muy alta este escenario ideal simplemente los precios subirán antes de que ocurra. En cambio, si la expectativa es la de que todo saldrá mal los precios caerán.
El único motivo por el que podemos observar el comportamiento de los mercados es para intentar saber qué está descontando el mercado (una tarea que parece mucho más sencilla de lo que realmente es) y contrastarlo con la realidad. Y es que por mucho que el mercado pueda ser racional la gran mayoría del tiempo ha habido muchas ocasiones en las que la realidad negaba categóricamente aquello que el mercado estaba descontando. Ahí sí que podremos decir que el precio debería a tender a caer. Esto es algo que no recomiendo hacer porque probablemente veamos esto muchas más veces de las que realmente sea cierto y, aunque acertemos en alguna habremos perdido tanto dinero en las que hemos fallado que no compensará.
Conclusión final, no permitas que tu cerebro use su gandulería en tu contra tomando interpretaciones rápidas, pero completamente incorrectas. Usa todo el poder de tu cerebro para tomar la información disponible y obtener una imagen lo más clara posible de la realidad.
