El conflicto en Irán sigue estancado, lo que puede interpretarse como una buena noticia. En un contexto de escalada constante, lo positivo no es necesariamente la firma de un acuerdo de paz, sino simplemente que la tensión deje de aumentar.
Estamos tan acostumbrados a ver a los mercados oscilar bruscamente que asumimos que todo evoluciona al mismo ritmo. Sin embargo, la realidad avanza por fases, y estas suelen ser mucho más lentas de lo que reflejan los mercados.
Actualmente, se plantea una posible estrategia de salida del conflicto por parte de Trump, aunque sin un acuerdo claro sobre el estrecho de Ormuz. Esto, si bien alivia a los mercados, implica un cambio relevante en el plano geopolítico.
Para entenderlo, conviene recordar que, antes del inicio de los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán, la capacidad de control de Irán sobre el estrecho de Ormuz era considerablemente menor. Hoy, en cambio, es Irán quien limita el tráfico de petroleros, mientras que anteriormente existía mucha mayor libertad de circulación.
Para algunos, esto puede interpretarse como una derrota para Trump. Por ello, es importante revisar cuáles eran sus principales objetivos al iniciar esta ofensiva junto a Israel.
El primer objetivo era erradicar el programa nuclear iraní. Aunque pueda parecer una excusa, representaba un riesgo real para Occidente, si bien estaba parcialmente contenido, ya que el anterior ayatolá —quien fue asesinado— se oponía al uso de armamento nuclear.
El segundo objetivo consistía en impulsar un cambio de régimen hacia uno más democrático y prooccidental. Aprovechando la debilidad económica y el creciente descontento social, la estrategia pasaba por eliminar a los altos cargos y promover un liderazgo alineado tanto con el pueblo iraní como con los intereses de Estados Unidos.
Sin embargo, esta estrategia generó dos problemas que probablemente no se habían previsto. El primero es que los nuevos líderes han resultado ser más radicales y menos prooccidentales que sus predecesores. Además, el nuevo ayatolá aún no ha definido la postura de Irán respecto al armamento nuclear.
El segundo problema es que un cambio de régimen no se logra simplemente eliminando a sus líderes. Un sistema político se asemeja a la Hidra de Lerna: al cortar una cabeza, surgen otras nuevas. Como enseña el mito de Hércules, no basta con eliminar las cabezas; es necesario impedir que vuelvan a crecer, aunque siempre permanecerá una esencia difícil de erradicar.
En términos geopolíticos, esto implicaría desmantelar completamente el régimen e impedir la aparición de uno nuevo, algo que solo podría lograrse mediante una invasión terrestre. Incluso en ese escenario, la ideología persistiría. Estados Unidos ya experimentó esta dificultad en Irak, donde nunca logró consolidar un control estable.
El tercer objetivo era controlar el estrecho de Ormuz para facilitar el flujo de petróleo y presionar a la baja los precios del crudo. Sin embargo, este propósito también ha encontrado obstáculos, en parte derivados del fallido intento de cambio de régimen.
En consecuencia, todo apunta a que Trump podría estar buscando una salida al conflicto ante la dificultad de lograr una victoria clara. Evidentemente, es probable que lo niegue y trate de presentar la situación como un éxito. En cualquier caso, lo relevante es que podríamos comenzar a ver una desescalada, lo que favorecería el retorno de los mercados a una tendencia alcista.
Por ahora, el petróleo cotiza plano, el oro sube cerca de un 1 %, los tipos de interés caen ligeramente y las bolsas avanzan tanto en Europa como en Estados Unidos.
