Ayer conocimos uno de los resultados empresariales más esperados del mercado: los de Nvidia. La compañía que, hoy por hoy, posee la tecnología clave para entrenar los modelos de inteligencia artificial del futuro.
Sin embargo, no debemos caer en el error de pensar que Nvidia se encuentra en una situación similar a la de las empresas que desarrollan modelos de IA y construyen la infraestructura necesaria para su funcionamiento.
Como hemos comentado en numerosas ocasiones, el debate actual del mercado gira en torno a si la enorme cantidad de inversión que se está realizando podrá rentabilizarse. Aunque Nvidia desempeña un papel fundamental en esta ecuación, no asume los mismos riesgos.
Nvidia es, ante todo, un proveedor. Aunque muchos la sitúan dentro del ecosistema de acuerdos y desarrollos en torno a la IA, su rol es claro: suministra chips y servicios asociados. Esa posición le otorga una ventaja estratégica significativa, ya que no necesita demostrar la viabilidad futura de un modelo concreto. Su negocio consiste en vender la infraestructura tecnológica que otros utilizan.
Le resulta indiferente qué empresa desarrolle el mejor modelo o si estos terminan por commoditizarse. Nvidia venderá sus chips a quien los demande (con las restricciones regulatorias vigentes, como las limitaciones de exportación a China).
Por ello seguimos observando un crecimiento prácticamente meteórico en sus resultados. Ayer tuvimos una nueva muestra de ello. Los analistas estimaban un beneficio por acción de 1,52 dólares y unos ingresos trimestrales de 65.560 millones de dólares, lo que implicaba un crecimiento interanual del 70% en beneficio por acción y del 66% en ingresos.
Estamos hablando de una compañía con una capitalización cercana a los 4 billones de dólares —4.000.000.000.000 $— y que, aun así, se espera que crezca un 70% en beneficios. Sin embargo, la sorpresa fue aún mayor: el beneficio por acción alcanzó los 1,62 dólares y los ingresos ascendieron a 68.100 millones. Esto implica que, en el último trimestre, Nvidia creció un 82% en beneficio por acción y un 73% en ingresos. Además, la compañía elevó sus previsiones de crecimiento para 2026, superando nuevamente las expectativas del mercado.
Si analizamos el informe en detalle, comprobamos que —como era previsible— el principal motor de este crecimiento fueron los centros de datos. Como señalábamos al inicio, Nvidia es un proveedor cuya actividad consiste en vender chips y servicios relacionados. Mientras las empresas desarrolladoras invierten hoy con la expectativa de rentabilizar en el futuro, Nvidia ya está monetizando esa inversión.
Evidentemente, esto no significa que Nvidia sea inmune a los riesgos. Si las compañías comienzan a dudar de la rentabilidad de sus inversiones en IA y reducen el gasto, los pedidos a Nvidia también disminuirán.
Por ahora, la realidad es que el negocio sigue funcionando con fuerza, pese a las dudas que algunos inversores manifestaban. Sin embargo, a pesar de los sólidos resultados, el mercado apenas ha reaccionado: las acciones suben alrededor de un 1% en el aftermarket y los futuros del Nasdaq permanecen planos.
Este comportamiento puede reflejar cierto agotamiento en los mercados, que llevan meses mostrando dificultades para seguir avanzando. Cuando ni siquiera las buenas noticias impulsan las cotizaciones, aumenta la sensibilidad ante cualquier noticia negativa.
La situación se complica si consideramos la elevada dependencia del S&P 500 —el principal índice bursátil— respecto al sector tecnológico y, en particular, a la inteligencia artificial. Si las tecnológicas corrigen, los índices probablemente las seguirán, y el miedo podría extenderse con rapidez.
En ese escenario será fundamental mantener la calma. Las tendencias macroeconómicas continúan siendo, en términos generales, positivas. Aunque a corto plazo podamos experimentar mayor volatilidad, a medio plazo la tendencia alcista podría mantenerse.
