Ayer tuvimos un pequeño terremoto dentro del universo de la IA que hizo tambalearse a las grandes tecnológicas. Todo empezó con un informe de The Information que reveló que varias divisiones de Microsoft iban a reducir las metas de crecimiento de ventas para ciertos productos de IA. Al parecer, muchos vendedores no cumplieron sus objetivos en el año fiscal que cerró en junio de 2025.
Esto alimentó esos temores con el que una parte del mercado tiene pesadillas sobre que estamos ante una nueva burbuja como la vista a principios de siglo con las empresas de internet. El problema no es tanto el efecto revolucionario que pueda tener sobre la economía en el medio/largo plazo, si no la verdadera capacidad de monetizar lo suficientemente rápido y rentablemente las inversiones masivas anunciadas por Microsoft (y, por ende, de todos los gigantes tecnológicos).
El efecto fue inmediato: Microsoft abrió con una caída del 3% y arrastró a las grandes tecnológicas (Nvidia -1,8%, Alphabet -0,9%, Amazon -1,2%, etc.). Microsoft reaccionó rápidamente y desmintió estas afirmaciones generando algo de calma y permitiendo que parte de estas caídas se recuperen. Sin embargo, el susto estaba ahí y, aunque el sentimiento de mercado cambió tras las afirmaciones de Microsoft, ciertos analistas aprovecharon para exponer sus argumentos sobre que, realmente, había serias dudas sobre si iba a ser posible adoptar estas tecnológicas de forma rápida y rentable.
Insisto en que no creo que haya nadie que piense que esto no va a cambiar el mundo a mejor, el problema no es este. El problema es que las expectativas son de que esto lo va a cambiar todo muy rápido y con grandes rentabilidades para los primeros que lleguen. Grandes inversores como Howard Marks comparan la actual situación con la vista a mediados del siglo XIX con la fiebre del ferrocarril.
En ese momento todo el mundo entendió el poder transformador que iba a suponer la instauración del ferrocarril: mejor transporte, mejor comercio, más industrialización, más movilidad de personas, etc. Ante este nivel de optimismo las empresas se lanzaron a invertir para poner en marcha este nuevo medio de transporte y desde 1825 hasta 1870 se construyeron decenas de miles de kilómetros de vías en Reino Unido y EEUU.
Efectivamente, como se pensaba, el impacto sobre la economía fue brutal. Los costes de transporte se redujeron en un 90%-95%, se crearon nuevos mercados dentro de los países, hubo un boom del acero y del carbón, etc. Sin embargo, la mayoría de empresas ferroviarias o quebraron u ofrecieron rentabilidades muy bajas. ¿Por qué? Por una sobreinversión que masificó la oferta y reventando los precios a la baja, por unos costes fijos excepcionalmente altos que ajustaban aun más los precios y por unos niveles de endeudamiento muy elevados para la financiación de estas inversiones.
La situación ahora es parecida (aunque con matices). Estamos viendo una carrera por desarrollar la mejor IA que está provocando niveles elevadísimos de inversión (posible sobreinversión). Los costes fijos de todo esto, al parecer, van a ser mayores de lo esperado (los gigantes tecnológicos están alargando la vida útil de sus inversiones para “maquillar” sus cuentas). Y existe el miedo de que la competencia pueda acabar tirando los precios por los suelos. Si vamos por el mismo camino que en el siglo XIX lo desconocemos, pero desde luego conviene tener un ojo puesto en todos estos riesgos.
Por otro lado, ayer tuvimos también unos datos económicos flojos. Concretamente, tuvimos los datos de creación de empleo de ADP y los PMIs. Los datos de ADP reflejaron una posible destrucción de empleo en el mes de noviembre de 32 mil personas. Esto está todavía pendiente de confirmarse por el dato oficial que lo conoceremos el 16 de diciembre, pero de confirmarse estamos ante un mal dato. Por otro lado, los PMIs también arrojaron un jarro de agua fría y mostraron un empeoramiento en la confianza de los gestores de compra. Sin embargo, el mercado consideró esto como argumento en favor de que la Fed pueda bajar los tipos y, irónicamente, las bolsas subieron con fuerza (el Russell 2000 subió un +2%) ante estos malos datos económicos.
