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Los eventos raros cada vez son menos raros

GSM&B AV Informe diario de mercados Los eventos raros cada vez son menos raros

En las últimas semanas hemos visto movimientos fuertes en los mercados, y ayer volvimos a tener un buen ejemplo. A simple vista, el mercado parece tranquilo: como un mar en calma. El MSCI World, sin ir más lejos, marcaba nuevos máximos históricos casi a diario hace apenas dos días y, si miramos el gráfico de los últimos 12 meses, la subida ha sido prácticamente lineal.

Sin embargo, la realidad es bastante más convulsa de lo que sugiere la superficie: como las corrientes que se mueven bajo un mar aparentemente quieto. Ayer leímos un artículo que describía tres eventos de “6 sigma” ocurridos recientemente. ¿Qué significa esto?

En estadística se analiza la rareza de un movimiento comparándolo con su media histórica y con lo que se conoce como desviación estándar (también llamada sigma). Por ejemplo: la altura media de un hombre adulto en España es de 1,76 m y su desviación estándar ronda los 7 cm. Es decir, lo habitual es que la altura se desvíe unos 7 cm por encima o por debajo de esa media.

La utilidad de esta medida es que permite estimar qué tan probable es observar un dato “extremo”. En una distribución normal, aproximadamente el 68% de los valores cae entre -1 sigma y +1 sigma. En nuestro ejemplo, eso implicaría que cerca del 68% de los hombres mediría entre 1,69 m y 1,83 m, y que el 32% restante quedaría fuera de ese rango.

A medida que nos alejamos de la media, la probabilidad cae con fuerza. Un evento de 2 sigma (por debajo de -2 o por encima de +2) ocurre aproximadamente en un 4–5% de los casos, y un evento de 3 sigma en torno al 0,3%.

Cuando hablamos de un evento de 6 sigma, como los tres que se han observado recientemente en mercados financieros, hablamos de algo que, bajo ese supuesto estadístico, sucede alrededor de 1 vez entre 500 millones, es decir, con una probabilidad cercana al 0,000000197%.

Y no estamos hablando de activos marginales o irrelevantes —como podría ser el precio del estaño en un mercado local—, sino de oro, plata y tipos de interés de los bonos en Japón.

Autores como Nassim Nicholas Taleb, que ha dedicado su obra a este tipo de sucesos conocidos como “cisnes negros”, sostienen que la probabilidad real no es tan baja y cuestionan estas métricas cuando se usan para “predecir” eventos extremos basándose únicamente en desviaciones estándar. Sea como sea, cuando aparecen movimientos así suele ser porque algo más profundo está cambiando.

Deuda muy elevada (y creciente), tensiones geopolíticas —comerciales y militares—, y revoluciones tecnológicas capaces de alterar el sistema productivo: cada uno de estos factores ya es importante por separado. Que coincidan a la vez hace más comprensible que los mercados también se comporten de manera “extraña”.

Quizá no sea tan extraño: simplemente, hoy todavía no lo entendemos del todo. La ironía de los cisnes negros es que, una vez ocurren, mucha gente afirma que “se veían venir”… aunque casi nadie supo anticiparlos con claridad.

Ayer, por ejemplo, aumentaron las tensiones en Irán —esta vez en relación con la Unión Europea—, mientras Estados Unidos anunció la llegada de buques de guerra a la zona. Si a eso le sumamos movimientos extremos en algunas compañías, como la caída de Microsoft del 13% (una de las peores jornadas de su historia) o la de SAP del 16% (arrastrando al sector tecnológico europeo y al software global), es lógico que los principales índices también sufrieran turbulencias.

Esto forma parte de lo que significa invertir. Nuestro trabajo es ayudaros a tomar buenas decisiones, pero para ello es clave no dejarse llevar por las emociones. Es probable que en los próximos meses tengamos motivos para preocuparnos; pasa todos los años (y sí, estadísticamente ocurre). Y, a largo plazo, el mercado tiende a recomponerse (también es cierto, con datos históricos en la mano).

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