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Las caídas continúan y con ellas las dudas de los inversores

GSM&B AV Informe diario de mercados Las caídas continúan y con ellas las dudas de los inversores

Ayer se consolidó la subida del petróleo con la que comenzó la jornada, y hoy estamos viendo cómo el precio vuelve a superar los 100 dólares por barril. Esto reaviva las preocupaciones sobre un posible escenario de estanflación, en el que el crecimiento económico se desacelera mientras la inflación continúa aumentando. Al mismo tiempo, los tipos de interés vuelven a subir con fuerza tanto en Europa como en Estados Unidos, y las bolsas siguen registrando caídas.

Ante este contexto, muchos os estaréis haciendo la misma pregunta: ¿qué hago ahora? Es una duda completamente natural. Estamos viendo cómo las inversiones que tenemos en cartera están perdiendo valor y, además, existe la posibilidad de que esta tendencia continúe. Si creemos que las caídas pueden prolongarse, parece lógico pensar que deberíamos hacer algo al respecto.

Sin embargo, surge una cuestión importante: ¿realmente podemos hacer algo para evitar potenciales caídas? En teoría, sí. Siempre existe la opción de venderlo todo y permanecer en liquidez. De este modo, si efectivamente el mercado sigue cayendo, nosotros ya no sufriríamos esas pérdidas.

El problema es algo que ya comentábamos hace unos días: lo más habitual es que el mercado esté asignando probabilidades excesivamente altas a los peores escenarios. Y digo que es lo más habitual porque el mercado se comporta, en última instancia, como se comportan los seres humanos.

En economía, uno de los primeros aspectos que se estudian es la praxeología de la acción humana, es decir, el análisis de las leyes que rigen las decisiones y los comportamientos humanos. No podemos entender el comportamiento de un mercado, de una economía o de una empresa sin comprender antes el comportamiento humano. Esto se debe a que ni el mercado, ni la economía ni las empresas poseen una naturaleza propia: son el resultado de la interacción y organización de múltiples individuos.

Una de las principales leyes que gobiernan nuestro comportamiento es la ley de los incentivos: las personas actuamos movidas por incentivos. Todos tenemos objetivos que deseamos alcanzar y, de manera natural, tendemos a realizar aquellas acciones que nos acercan a ellos y a evitar aquellas que nos alejan.

El problema reside en nuestra percepción de qué cosas nos acercan realmente a esos objetivos. El ser humano no está diseñado para optimizar, sino para satisfacer. No buscamos necesariamente la mejor solución posible, sino una que sea lo suficientemente buena. ¿Y qué significa que algo sea “suficientemente bueno”? En muchos casos, simplemente que nos permita mantener cierta tranquilidad emocional.

Tendemos a pensar que somos seres plenamente racionales, y en parte lo somos, pero sobre todo a posteriori. En la práctica, el ser humano suele actuar primero movido por la emoción y después justifica su decisión mediante la razón. Dicho de otro modo: la emoción nos dice qué hacer, y la razón nos explica por qué.

Estoy simplificando mucho estas ideas, ya que desarrollar cada una de ellas podría requerir semanas enteras de diarios como este. Pero la idea clave con la que me gustaría que os quedaseis hoy es que el ser humano está muy lejos de comportarse como muchas veces esperamos. Y si el mercado no es más que el resultado agregado de decisiones humanas, tampoco podemos esperar que el mercado tenga siempre la razón.

De hecho, lo más habitual es que los precios actuales ya estén descontando la mayoría de los riesgos y escenarios posibles, y además incorporen una prima adicional que permita a muchos inversores sentirse emocionalmente más tranquilos con esos precios.

Vender ahora sería como si, en un penalti, el portero se lanzara cuando el balón ya ha entrado en la portería. Puede que ya nos hayan marcado un gol —o al menos eso parece—, pero el partido continúa y no queda otra que seguir jugando. Salirse del partido no significa solo perder este partido; también puede implicar dejar de jugar los siguientes, con todo lo que eso supone para el valor futuro de vuestros ahorros.

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