La sesión de ayer no introdujo un riesgo nuevo, pero sí elevó claramente el que el mercado seguía desde hace días. Hasta ahora, los inversores descontaban un bloqueo intermitente de Ormuz y una tregua frágil entre Washington y Teherán. Ayer, el foco se desplazó a Fujairah, después de que Emiratos denunciara un ataque iraní con drones y misiles que provocó un incendio en la Fujairah Oil Industry Zone, activó las defensas aéreas, obligó a desviar vuelos y dejó tres ciudadanos indios heridos. El matiz es importante: Fujairah no es una infraestructura cualquiera, sino uno de los grandes corredores energéticos emiratíes fuera del estrecho de Ormuz, una de las pocas válvulas de escape diseñadas para sortear ese cuello de botella.
Por eso la reacción del mercado fue especialmente dura. El Brent subió un 5,8%, hasta 114,44 dólares, y el WTI avanzó un 4,4%, hasta 106,42. No fue solo una prima geopolítica adicional, sino la señal de que el conflicto ya no amenaza únicamente el tránsito por Ormuz, sino también la infraestructura pensada para reducir esa dependencia. A ello se sumó la acusación de Emiratos de que Irán atacó con dos drones al Barakah, un petrolero vacío de ADNOC. En la práctica, el mercado dejó de hablar solo de bloqueo y volvió a hablar de ataques directos contra activos energéticos y marítimos del Golfo.
Wall Street interpretó la escalada con claridad. El S&P 500 cayó un 0,41%, el Nasdaq perdió un 0,19% y el Dow Jones retrocedió un 1,13%, alejándose de los máximos del viernes anterior. Lo relevante no fue solo la caída, sino su causa: el golpe a un buque surcoreano en el estrecho y el incendio en la instalación petrolera emiratí reabrieron la duda sobre una normalización rápida del tráfico comercial y energético. Energía fue el único sector claramente favorecido, con un avance del 0,85%, mientras el resto del mercado mostró más cautela. Incluso Norwegian Cruise Line cayó un 8,6% tras recortar previsiones por el aumento de los costes de combustible, señal de que el encarecimiento del crudo ya afecta a negocios muy sensibles al petróleo.
Europa volvió a sufrir más que Estados Unidos, como en jornadas anteriores, pero esta vez con un motivo adicional. El STOXX 600 cayó un 1%, su peor sesión en cerca de un mes, y los bancos cedieron un 2,7%. Ya no se trataba solo de “energía cara” en abstracto: el ataque a Fujairah reforzó la idea de que incluso las rutas alternativas al estrecho están expuestas. Esa lectura endureció las expectativas de inflación y política monetaria. El mercado pasó a descontar al menos tres subidas de 25 puntos básicos del BCE este año, mientras el bono alemán a diez años repuntó 5 puntos básicos y el dólar se apreció un 0,3%, hasta 98,542.
La mañana ayuda a ordenar la sesión de hoy. El petróleo corrige ligeramente desde los máximos, con el Brent en torno a 112,9 dólares y el WTI cerca de 104, después de que Estados Unidos escoltara fuera del Golfo a un buque con apoyo militar. Pero el alivio es limitado. Asia cae, con el MSCI Asia-Pacífico ex Japón bajando un 0,6% y el Hang Seng más de un 1%, mientras los futuros europeos apuntan también a la baja. Más revelador es el comportamiento de los propios Emiratos: Dubái retrocede un 1,8% y Abu Dabi un 1,1%, con descensos en Emaar, Salik y Air Arabia. Además, el PMI no petrolero de Emiratos registró en abril su crecimiento más débil desde febrero de 2021. El mercado, por tanto, no compra aún un escenario de normalización; apenas concede una pausa táctica dentro de una escalada regional más amplia.
La implicación para hoy es directa. El fondo no ha cambiado, pero se ha intensificado: el ataque a Fujairah convierte el riesgo energético en algo más serio porque compromete una infraestructura clave para mitigar la dependencia de Ormuz. Eso endurece el sesgo para Europa, transporte, turismo y cualquier sector intensivo en combustible. También reduce el margen de los bancos centrales para sonar acomodaticios. En este contexto, el pequeño retroceso del crudo no debe leerse como una mejora de fondo, sino como una toma de beneficios tras una sacudida importante. Mientras el mercado no vea que las rutas del Golfo operan con normalidad, el mensaje seguirá siendo el mismo: el petróleo manda, pero ahora desde un nivel de riesgo más alto que la semana pasada.
