Hoy es momento de centrarse de nuevo en Europa y es que, tal y como muchos habréis visto en las noticias, el gobierno francés ha caído tras someterse a una moción de confianza y perder. Este supone el tercer cambio en poco más de un año, lo cual refleja la clara inestabilidad política francesa.
Para quien no esté al día, el desencadenante de esta moción de confianza fue el rechazo inmediato por parte del parlamento de los planes de recortes del gasto público y diversas reformas que tenían como objetivo reducir la deuda. Bayrou, el hasta ayer primer ministro francés, no logró el apoyo ni de la izquierda ni de la derecha, recibiendo el rechazo incluso por parte de algunos aliados.
Y es que, aunque suena muy bien eso de reducir el endeudamiento, la reducción del gasto público no ha sentado nada bien a los ciudadanos franceses, quienes llevan años declarando huelgas y manifestaciones pidiendo incluso más gasto público.
Francia está, por tanto, en una situación de bloqueo político en el que, por desgracia, es más probable que salgan políticas que fomenten el gasto público que aquellas necesarias para reducir el endeudamiento.
Esto, por ahora, no se está dejando notar en los mercados financieros. Ya se sabía que esta situación de bloque institucional existía y está más que descontado en los mercados. Sin embargo, los mercados de deuda están en el punto de mira. De empezar a haber consecuencias estas se notarán sobre la deuda antes que sobre los mercados de renta variable.
Ya en 2024 vimos un fuerte repunte en las rentabilidades de la deuda francesa que acabó arrastrando al resto de bonos europeos. Por tanto, aunque por ahora esta situación de inestabilidad no está pesando en los mercados, tarde o temprano lo hará si Francia no consigue trazar un plan para salir.
Por otro lado, ya dijimos ayer que esta semana era una semana en la que convenía tener el ojo puesto sobre la inflación. Los economistas advierten de que el efecto de los aranceles sobre la inflación todavía no se está viendo del todo, por lo que se espera que la inflación continúe acelerándose con tasas de crecimiento mensuales altas.
El mercado parece que cuenta con que esta situación es transitoria y que lo más importante no es tanto el efecto puntual que pueda tener sobre la tasa de inflación anual, si no el que pueda tener sobre el crecimiento económico.
No me queda tan claro si esto se mantendrá igual en caso de que veamos un fuerte repunte de la inflación. Aquí aunque luego el mercado racionalice y se estabilice, podríamos ver momentos puntuales de pánico en los que los tipos se disparan y las bolsas caen.
Sea cual sea el escenario, parece que al oro le viene bien cualquiera. Después de varios intentos en los últimos meses, parece que finalmente ha roto la barrera de los 3.500 dólares por onza y, por tanto, está en situación de máximos históricos sin techo. Si la inflación resulta ser más alta de lo esperado el oro subirá. Si el crecimiento sigue deteriorándose y se descuentan mayores bajadas de tipos el oro también subirá. El único escenario en el que el oro podría ofrecer un peor comportamiento es aquel en el que precisamente mejor comportamiento tendría el resto de los mercados, es decir, crecimiento al alza e inflación a la baja. Ojalá sea ese el escenario en el que entremos…
Por ahora tenemos a las bolsas europeas subiendo acompañados de los futuros americanos. Los tipos, por su parte, suben hoy ligeramente. Hoy el calendario económico está vacío, por lo que no esperamos grandes sorpresas.
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