Las últimas jornadas han confirmado el rebote técnico que vimos el viernes. Como comentábamos, no siempre es posible explicar un movimiento del mercado por una sola causa. La mayoría de las veces es una mezcla de factores que solo se entiende bien cuando miramos hacia atrás.
Hoy, además, tenemos una cita que suele mover los precios de muchos activos: el informe de empleo de EE. UU. El consenso espera unas nóminas no agrícolas en torno a +70.000, con una tasa de paro estable en el 4,4% y unos salarios avanzando cerca del 0,3% mensual (3,6% interanual). A esto se suma un ingrediente que puede amplificar la reacción: el dato llega con revisiones anuales y ajustes estacionales, y algunas estimaciones apuntan a un recorte cercano a 900.000 empleos en el conteo previo.
Con esto en mente, merece la pena volver a una idea sencilla: los mercados se parecen más a una casa de apuestas que a un juez que dicta sentencia. Esta noche se juega la ida de la semifinal de la Copa del Rey, donde se enfrentan Athletic Club y Real Sociedad. Como sabrás hay tres resultados posibles: gana el Athletic, gana la Real o empatan.
Si la casa de apuestas ofrece 2,15 por el Athletic, 3,20 por la Real y 3 por el empate, está diciendo que parece más probable la victoria del Athletic, entre otras cosas porque juega en casa. Pero si finalmente gana la Real, no se nos ocurriría decir que las cuotas estaban mal o que la casa de apuestas se ha equivocado. Simplemente era un resultado menos probable y, por eso, pagaba más.
En los mercados pasa exactamente lo mismo. Los precios no son afirmaciones categóricas del tipo “esto va a pasar”. Los precios son cuotas que reflejan probabilidades. Ponderan escenarios y asignan una rentabilidad esperada a cada uno en función del riesgo. Cuando llega un dato como el empleo, lo que cambia no es una verdad absoluta, sino el peso que el mercado asigna a cada escenario: un dato fuerte, uno en línea o uno flojo. Si el dato sorprende, las probabilidades se ajustan y el precio se recalcula.
Esta forma de verlo encaja mejor con el debate sobre la “eficiencia” del mercado. A veces se interpreta cualquier giro como la prueba de que el mercado se equivocó. Por ejemplo, las últimas semanas hemos visto cómo el mercado premiaba a aquellas empresas que están encontrando formas de implementar los avances de IA en sus procesos productivos, dejando a un lado precisamente a aquellas empresas que están desarrollando estos modelos de IA. Esta rotación no implica que el mercado se haya equivocado, simplemente las probabilidades están cambiando y, con ellas, los precios.
¿Significa esto que es posible batir al mercado? Creemos que sí, pero no porque el mercado “se equivoque” como si estuviera dictando un veredicto. Se puede batir al mercado cuando el precio implica unas probabilidades que no encajan con el riesgo real. Y eso ocurre, sobre todo, cuando entran en juego las emociones.
Cuando aparece el miedo, muchos inversores dejan de preguntarse si, a estos precios, la rentabilidad compensa el riesgo. Solo quieren salir. El precio deja de importar y las cotizaciones pueden caer a niveles que ofrecen una relación rentabilidad-riesgo más atractiva. En sectores como el software lo hemos visto en episodios recientes: el debate ya no es si hay riesgo, sino si ese riesgo está descontado de más en los precios.
En la euforia ocurre lo contrario. Los precios suben, se instala el “me lo estoy perdiendo”, y cada vez más gente compra sin exigir margen de seguridad. De nuevo, el precio deja de importar, y la relación rentabilidad-riesgo se deteriora.
Si pensamos en los precios como cuotas de un partido que nunca termina, será más fácil leer el mercado: cuándo está en modo pánico, cuándo está en modo euforia y cuándo, sencillamente, está ponderando escenarios con cierta calma.
