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Donde dije digo, digo Diego

GSM&B AV Informe diario de mercados Donde dije digo, digo Diego

Hoy Trump ha vuelto a hacer gala del refrán “donde dije digo, digo Diego”. En cuestión de horas, ha pasado de sugerir que Estados Unidos podría retirarse de Irán en las próximas 2-3 semanas a plantear, por el contrario, una posible intensificación de los ataques en ese mismo plazo. Sorprende la facilidad con la que cambia su discurso, pero, sobre todo, resulta profundamente frustrante.

Si algo caracteriza los mandatos de Trump es el caos, la imprevisibilidad y la incertidumbre. Hoy ha vuelto a quedar patente, y los mercados no han tardado en reaccionar. El petróleo sube un 6%, superando los 107 dólares por barril. Esto está provocando un repunte en los tipos de interés, que vuelven a acercarse a niveles preocupantes, como el 5% en el caso del bono estadounidense a 30 años.

Ante este escenario, las bolsas no tienen más remedio que corregir parte de las subidas registradas en días anteriores. En esencia, si esta situación se confirma, podríamos volver al punto de partida de hace apenas tres días.

Ahora bien, como inversores, ¿cómo debemos reaccionar? La primera respuesta suele ser el agotamiento. Los mercados estaban celebrando una noticia positiva que hoy ha desaparecido de golpe. Esto puede llevar a muchos a cuestionarse si merece la pena seguir invertidos. Aquí entra en juego, de forma clara, nuestro componente emocional, que debemos intentar dejar de lado al tomar decisiones de inversión.

Conviene recordar que los precios no son más que el coste que pagamos a cambio de una rentabilidad esperada. Una caída en los precios implica mayor rentabilidad potencial para nuevos inversores, pero también pérdidas temporales para quienes ya están dentro. No hay subjetividad ni dramatismo: simplemente, el mercado exige ahora una mayor rentabilidad.

Otro fenómeno evidente es la aversión a la pérdida. Muchos inversores tienden a sobreestimar su tolerancia al riesgo, lo que les lleva a asumir más del que realmente pueden soportar. A todos nos gusta ver crecer nuestro dinero, pero está demostrado que, a igual intensidad, el dolor de perder supera con creces la satisfacción de ganar.

Un ejemplo claro: ayer, con subidas cercanas al 3% en las bolsas europeas, muchos inversores se sintieron satisfechos. Hoy, con caídas próximas al 2%, la incomodidad es notablemente mayor que la alegría del día anterior.

Este comportamiento explica por qué muchos inversores particulares apenas obtienen beneficios, a pesar de que la renta variable ha ofrecido históricamente una rentabilidad media cercana al 8%. Soportar caídas como estas es parte del proceso, pero para muchos el malestar supera el beneficio percibido, lo que les lleva a abandonar antes de tiempo.

Sin embargo, invertir sí compensa. Por ello, conviene interiorizar que estos episodios son inevitables: han ocurrido siempre y seguirán ocurriendo. Y, aun así, no pasa nada.

Basta con recordar que, en los últimos seis años, hemos atravesado una pandemia global, una inflación no vista en medio siglo, la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la subida arancelaria más rápida de la historia y ahora un conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. A pesar de todo ello —y de las caídas recientes—, las bolsas han subido aproximadamente un 100% desde enero de 2020.

Esto no es más que otro episodio en el camino del inversor, por mucho que nos gustaría que todo fuera más sencillo.

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