La jornada de ayer fue, aparentemente, otra sesión tranquila en los mercados financieros. En Estados Unidos el S&P 500 apenas se movió, cerrando con una subida del 0,10% en una jornada sin grandes sobresaltos en ningún sector. Europa tuvo un comportamiento algo más destacado, con subidas cercanas al 1%.
Seguimos viendo con mucha claridad cómo el mercado está rotando desde las empresas tecnológicas hacia las llamadas empresas value, aquellas cuyos ratios de valoración son más conservadores. Y es que las valoraciones no son más que el reflejo de las expectativas que los inversores tienen sobre una empresa: si las expectativas son bajas, la valoración será baja; si son altas, la valoración también lo será. Invertir en value es, en cierto modo, apostar a que el mercado está siendo demasiado pesimista con estas compañías.
Que estemos viendo este mejor comportamiento relativo del value frente al growth dice mucho sobre el sentimiento del mercado y sobre lo que está ocurriendo en la economía. No olvidemos que en los últimos años la tecnología ha sido, con diferencia, el sector más beneficiado. Basta con comparar el S&P 500 con su versión equiponderada para apreciar la magnitud de esa diferencia.
Ahora se está produciendo una confluencia interesante: el mercado empieza a cuestionarse si las expectativas sobre las tecnológicas son realmente realistas y, al mismo tiempo, se da cuenta de que por el camino ha dejado atrás a muchos otros sectores. La jornada de ayer fue un buen ejemplo de ello: los sectores más beneficiados fueron el sanitario, el inmobiliario y el financiero, los grandes representantes de la llamada «vieja economía».
Dicho esto, la sesión no comenzó tan bien como acabó. Las bolsas en Estados Unidos abrieron con caídas y en Europa las pérdidas iniciales fueron bastante más abultadas que el cierre final. El punto de inflexión llegó con las noticias desde Ginebra, donde las delegaciones de Estados Unidos e Irán celebraron una reunión en la que, al parecer, avanzaron en sus conversaciones sobre el programa nuclear iraní.
Esta noticia dio cierto respiro a las bolsas, que cerraron muy por encima de los mínimos del día, pero también dejó su huella en las materias primas. El petróleo cayó ante la perspectiva de una reducción de las tensiones geopolíticas, y el oro también retrocedió con cierta fuerza, siguiendo la misma lógica.
Más allá de todo esto, los motivos para el optimismo siguen siendo sólidos, tanto en Europa como en Estados Unidos. De hecho, la jornada de hoy arranca con buen pie: las bolsas europeas han abierto con subidas superiores al 0,60% y los futuros americanos apuntan también al alza, con ganancias en torno al 0,50%.
Este buen tono se puede atribuir en parte al preacuerdo nuclear de ayer, pero no hay que perder de vista que los vientos de cola siguen soplando a favor. En ausencia de malas noticias, la tendencia natural del mercado seguirá siendo más alcista que bajista.
El único elemento que podría alterar el comportamiento de los mercados hoy —dejando a un lado cualquier imprevisto— es la publicación de las actas de la Fed. Recordemos que en la última decisión de tipos hubo dos votos a favor de una bajada, aunque finalmente se optó por mantenerlos. En las actas podremos conocer los argumentos que llevaron a esos dos miembros a posicionarse de esa manera.
En principio, el mercado no descuenta ni subidas ni bajadas de tipos a corto plazo, por lo que estas actas no deberían provocar movimientos relevantes. Pero, como siempre, estaremos atentos a cualquier señal que pueda surgir.
