La jornada del viernes fue positiva para los mercados tras el buen dato de IPC en Estados Unidos. La inflación sigue moderándose y eso reduce, poco a poco, la presión sobre los tipos de interés.
Cuando la inflación está alta, da igual que el crecimiento sea débil o que los precios empiecen a desacelerarse: el banco central siempre puede encontrar argumentos para no bajar tipos. Sin embargo, con una inflación ya en niveles más razonables (2,5% según el dato del viernes) y una tendencia claramente descendente, el foco puede desplazarse hacia el crecimiento económico.
Lo hemos comentado en otras ocasiones: los tipos de interés influyen en los mercados mucho más de lo que suele percibirse, tanto por su impacto en la economía real como en la valoración de los activos.
En la economía, unos tipos más bajos facilitan el acceso al crédito. Eso impulsa la inversión y el consumo, y a corto plazo se traduce en más crecimiento y mayores beneficios empresariales. Es cierto que parte de ese crecimiento es adelantado, ya que el consumo y la inversión financiados con deuda implican menos margen en el futuro para devolverla. Pero en el corto plazo, el efecto es claramente expansivo.
En los mercados financieros, las bajadas de tipos también suelen recibirse con optimismo. Si el tipo de interés baja, los inversores exigen menor rentabilidad a sus inversiones, y eso eleva los precios de los activos.
El caso de los bonos es el más sencillo de entender. Un bono paga un cupón fijo. Si compras un bono por 100 € que paga 10 € al año, obtienes un 10% de rentabilidad. Si los tipos bajan y el mercado solo exige un 5%, ese mismo bono tendrá que subir de precio para ajustarse a esa nueva rentabilidad. En este ejemplo simplificado, su precio podría acercarse a 200 €. No es exactamente así en la práctica, pero sirve para entender la lógica.
En la renta variable la relación es menos evidente, pero funciona igual. Las acciones ofrecen una rentabilidad implícita en función de su precio y sus beneficios esperados. Si baja la rentabilidad exigida por el mercado, el precio tiende a subir.
Por eso, un entorno de bajadas de tipos suele ser favorable para los mercados, siempre que no venga acompañado de una recesión. Los activos más sensibles son los de mayor duración: bonos a largo plazo y acciones cuyos beneficios están más concentrados en el futuro. No es cuestión de preferencias, sino de matemáticas. Cuanto más lejano esté el flujo de caja, más impacta un cambio en la rentabilidad exigida sobre su valor presente.
En bolsa, esto afecta especialmente a las compañías de crecimiento, como las tecnológicas, y también a las empresas de pequeña capitalización. El viernes se vio claramente: mejor comportamiento tanto del Nasdaq como, sobre todo, del Russell 2000.
En el caso de las tecnológicas, persiste la incertidumbre. El mercado sigue tratando de valorar el impacto real de la disrupción tecnológica: cuánto crecerá el mercado, quién se quedará con la mayor parte y qué modelos de negocio saldrán reforzados. De hecho, el comportamiento en lo que va de año refleja bien esta dinámica: el Nasdaq cae un 3%, mientras que el Russell 2000 sube un 6,6%.
De cara a la sesión de hoy, se espera poco movimiento. La bolsa estadounidense permanecerá cerrada por el Día de los Presidentes y no hay referencias macroeconómicas relevantes en el calendario. En Europa tampoco se anticipan grandes variaciones. Por ahora, el Eurostoxx 50 sube un 0,50% y los futuros estadounidenses avanzan un 0,40%.
