La atención del mercado sigue centrada en el frente geopolítico y, especialmente, en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que continúan condicionando la evolución del petróleo y, por extensión, las expectativas de inflación y tipos de interés. Durante el fin de semana, Donald Trump calificó de “totalmente inaceptable” la última propuesta iraní, provocando un nuevo repunte del crudo superior al 4% en Asia y un fortalecimiento del dólar.
Sin embargo, más allá de la volatilidad inmediata, este episodio no modifica de forma sustancial el escenario que venimos describiendo en las últimas semanas. El mercado continúa atrapado en una dinámica de titulares, avances y retrocesos diplomáticos, con reacciones rápidas en materias primas y divisas. La diferencia ahora es que, mientras persiste ese ruido geopolítico, los resultados empresariales están sorprendiendo muy positivamente y ofreciendo un soporte mucho más sólido a la renta variable.
La semana pasada fue una buena muestra de ello. Tanto el S&P 500 como el Nasdaq cerraron en nuevos máximos históricos, no porque el mercado haya dejado de vigilar Oriente Medio, sino porque el crecimiento de beneficios está pesando más que el miedo. En la última sesión, el S&P 500 avanzó un 0,84% y el Nasdaq un 1,71%, impulsados principalmente por tecnología, semiconductores y compañías vinculadas a inteligencia artificial.
El liderazgo tecnológico sigue siendo especialmente relevante. Nvidia subió un 1,8%, mientras que Micron y Sandisk avanzaron más de un 15%, apoyadas en la fuerte demanda relacionada con centros de datos e inteligencia artificial. En paralelo, el índice de semiconductores de Filadelfia acumula una subida cercana al 55% en el segundo trimestre, reflejando que el mercado sigue interpretando la IA como una tendencia estructural de inversión y crecimiento.
Más importante aún es la fortaleza de los resultados empresariales. Con cerca del 90% de las compañías del S&P 500 habiendo publicado resultados, aproximadamente el 84% ha superado las previsiones de beneficio por acción, claramente por encima de la media histórica. Además, las sorpresas positivas agregadas alcanzan el 18,2% frente a las estimaciones iniciales, mientras que el crecimiento combinado del beneficio del primer trimestre se sitúa en el 27,7%, muy por encima del 13,1% esperado al cierre del trimestre. También los ingresos muestran un comportamiento sólido, con un crecimiento agregado del 11,3%.
Este punto resulta clave para entender el comportamiento actual del mercado. Hasta hace pocas semanas, el principal riesgo para la renta variable era una nueva escalada sostenida del petróleo. Ese riesgo sigue existiendo, pero ahora el mercado cuenta con un apoyo adicional: unas compañías capaces de generar beneficios muy superiores a lo previsto. Por ello, cada repunte del crudo derivado de tensiones geopolíticas está teniendo un impacto más limitado sobre las bolsas estadounidenses que en episodios anteriores.
En Europa, la lectura es algo más moderada. Las compañías del STOXX 600 se encaminan hacia su mejor crecimiento de beneficios en tres años, con un avance esperado del 2,8% en el primer trimestre. No obstante, buena parte de esa mejora depende del sector energético, mientras que las expectativas de ingresos siguen siendo débiles, con un crecimiento previsto de apenas el 0,2%. Esto explica por qué Europa continúa mostrando una mayor sensibilidad al comportamiento del petróleo y a las expectativas sobre el BCE.
En este contexto, el repunte del crudo debe interpretarse como un factor relevante para el corto plazo, pero no como un cambio estructural del escenario de mercado. La clave sigue siendo que los resultados empresariales están proporcionando una base más sólida a los índices bursátiles. Si la situación geopolítica termina estabilizándose, el mercado podría volver a centrarse en crecimiento, beneficios y revisiones al alza, reduciendo progresivamente el peso del riesgo energético.
De cara a la sesión de hoy, el sesgo puede mantenerse algo más prudente por la subida del petróleo, aunque el mensaje de fondo sigue siendo más constructivo que hace unas semanas. Mientras el crudo no entre en una fase de escalada desordenada, los buenos resultados deberían continuar actuando como soporte para la renta variable, especialmente en Estados Unidos, donde la tecnología y la inteligencia artificial siguen liderando el mercado.
