Los mercados vuelven a sacudirse por factores que trascienden los beneficios empresariales y los datos macroeconómicos para centrarse, una vez más, en la geopolítica. Este fin de semana se han producido numerosos ataques entre EE. UU., Israel e Irán. Más allá de describir los hechos de forma superficial, nos centraremos en las posibles implicaciones para los mercados. Pero antes, conviene hacer un breve recordatorio.
Como hemos explicado en otras ocasiones, los mercados financieros se mueven principalmente por dos factores: las primas de riesgo y las primas de liquidez. La prima de riesgo es la rentabilidad adicional que exigimos sobre el activo considerado libre de riesgo cuando percibimos la posibilidad de que el resultado final difiera de lo esperado. La prima de liquidez, por su parte, es la rentabilidad extra que exigimos por renunciar al acceso a nuestro capital durante un periodo determinado.
Por lo general, los activos con primas de riesgo elevadas tienden a ofrecer primas de liquidez reducidas, mientras que aquellos con menor riesgo pueden incorporar primas de liquidez más altas. Un ejemplo claro es la renta fija high yield: su prima de riesgo es elevada debido a la posibilidad de impago del emisor, lo que lleva a los inversores a preferir plazos más cortos y, por tanto, menores primas de liquidez. En cambio, los bonos gubernamentales, con primas de riesgo bajas, permiten a los inversores extender los plazos para obtener mayor rentabilidad a través de una prima de liquidez superior.
Con este marco en mente, podemos analizar las posibles implicaciones actuales. Lo más importante en estos momentos es mantener la calma, ya que es probable que asistamos a jornadas de elevada volatilidad.
Un conflicto armado implica, de forma evidente, un aumento de las primas de riesgo. La guerra frena el comercio y afecta a la mayoría de las empresas de los países implicados. Aún es pronto para determinar si estamos ante ese escenario, pero conviene recordar que los precios no son más que “cuotas” que ponderan probabilidades. Tras los acontecimientos del fin de semana, esas probabilidades han aumentado de forma significativa.
A corto plazo, el petróleo representa un foco de riesgo clave. Irán podría utilizarlo como herramienta de presión para generar distorsiones económicas que afecten tanto a Estados Unidos como a sus aliados.
Por ello, las bolsas caen hoy: se ajustan a los nuevos riesgos y exigen una rentabilidad acorde a la incertidumbre. Este movimiento podría intensificarse si continúan las tensiones, pero también moderarse si se produce un acercamiento diplomático que desemboque incluso en un nuevo acuerdo nuclear —objetivo declarado de Trump—.
Intentar anticipar lo que ocurrirá no forma parte de nuestra estrategia. Es un juego de suma cero en el que vence quien dispone de más información. Preferimos esperar a que el escenario se aclare y alinearnos con la tendencia dominante. Y no me refiero al vencedor del conflicto, sino al bando alcista o bajista en los mercados.
En este enfoque sabemos que, a largo plazo, la disciplina nos permite ganar. Eso sí, implica aceptar que no siempre seremos quienes más obtengan en el corto plazo. Forma parte del rigor que exige la inversión. Aunque estos episodios resulten incómodos, también constituyen un valioso campo de entrenamiento.
Como hemos señalado en otras ocasiones, nuestra labor no consiste únicamente en indicar dónde invertir, sino en ayudar a nuestros clientes a convertirse en mejores inversores y a tomar decisiones más sólidas.
