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Los bonos aprietan y Nvidia se convierte en examen de mercado

GSM&B AV Informe diario de mercados Los bonos aprietan y Nvidia se convierte en examen de mercado

La sensación esta mañana ya no es la misma de hace apenas dos sesiones. El petróleo ha dejado de acelerar al alza y Washington vuelve a insinuar una posible salida negociada con Irán, pero el verdadero daño ya se ha trasladado a otra parte del sistema: los bonos. Cuando las rentabilidades largas empiezan a moverse con esta velocidad, el mercado deja de depender solo de la geopolítica y pasa a depender también del precio del dinero.

Eso explica por qué Asia volvió a caer esta madrugada, incluso con el Brent alejándose ligeramente de sus máximos recientes. El MSCI Asia-Pacífico acumula cuatro sesiones consecutivas de descensos, el Nikkei enlaza cinco jornadas en negativo y Corea lideró las pérdidas con una caída cercana al 2%, agravada además por la amenaza de huelga en Samsung. Los futuros europeos apuntan igualmente a una apertura débil y Wall Street sigue condicionado por el mismo factor: el Treasury estadounidense a diez años alcanzó el 4,69%, mientras el bono a treinta años superó el 5,19%, niveles no vistos desde 2007.

Ese movimiento resulta ahora más importante que el propio petróleo. La clave ya no es solo que el Brent continúe por encima de los 110 dólares, sino que el mercado empieza a asumir que el shock energético podría durar lo suficiente como para impedir cualquier relajación monetaria relevante este año. La subida de las rentabilidades refleja precisamente ese cambio: menos expectativas de recortes de tipos y más temor a que la inflación vuelva a enquistarse.

Ayer, Wall Street volvió a reflejar esa tensión interna. El mercado ya no cae de manera indiscriminada, pero tampoco encuentra un liderazgo claro fuera de la inteligencia artificial. El Dow Jones resistió mejor, mientras el Nasdaq continuó bajo presión y los semiconductores prolongaron las correcciones antes de los resultados de Nvidia. La compañía publica hoy tras el cierre y el consenso espera un crecimiento de ingresos cercano al 80%. El problema es que ya no basta con crecer con fuerza: Nvidia se enfrenta a un mercado que necesita justificar valoraciones extraordinarias justo cuando aumentan los costes de financiación y aparecen más competidores en chips de inferencia, desde AMD hasta Intel y Alphabet.

Por eso, los resultados de Nvidia tienen esta vez un peso mucho mayor. Durante meses, la inteligencia artificial funcionó como amortiguador frente al deterioro macroeconómico. Ahora la pregunta es distinta: ¿puede seguir sosteniendo múltiplos tan altos en un entorno de rentabilidades cercanas al 5%? El mercado empieza a poner a prueba ese límite.

Mientras tanto, el petróleo ofrece una tregua parcial, aunque todavía frágil. Trump aseguró anoche que la guerra con Irán terminará “muy rápido”, lo que permitió una ligera caída del Brent y del WTI. Aun así, el mercado sigue viendo el estrecho de Ormuz como un problema sin resolver. El tráfico marítimo continúa muy por debajo de lo habitual y varios países siguen utilizando reservas estratégicas para compensar interrupciones de suministro. Citi advertía esta madrugada que el Brent todavía podría dirigirse hacia los 120 dólares si las interrupciones se prolongan.

En divisas, la presión vuelve a concentrarse en Asia. El yen permanece cerca de niveles de intervención y la rupia india marcó un nuevo mínimo histórico frente al dólar. India se está convirtiendo en uno de los mejores termómetros del daño que provoca esta combinación de petróleo caro, dólar fuerte y repunte global de rentabilidades: salida de capital extranjero, presión sobre la balanza de pagos y deterioro bursátil simultáneo.

Para la sesión de hoy, todo gira alrededor de Nvidia y de los bonos. Si las rentabilidades continúan subiendo tras los resultados, incluso unas cifras sólidas podrían no bastar para devolver el apetito por el riesgo. Pero si la compañía supera expectativas con claridad y el petróleo sigue estabilizándose, el mercado podría intentar construir un rebote técnico. De momento, la sensación dominante sigue siendo la misma que empezó a imponerse la semana pasada: el mercado ya no teme solo la guerra; teme que el coste financiero de esa guerra haya llegado para quedarse. Y mientras esa percepción siga creciendo, la volatilidad continuará dominando prácticamente todos los activos financieros globales.

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