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Los tipos suben y los chips pierden el comodín chino

GSM&B AV Informe diario de mercados Los tipos suben y los chips pierden el comodín chino

La semana pasada confirmó el giro que veníamos observando: el mercado ya no corrige únicamente por el riesgo geopolítico, sino porque el encarecimiento del petróleo empieza a trasladarse a bonos, divisas y expectativas sobre bancos centrales. El viernes fue especialmente revelador, ya que coincidieron tres factores negativos: no hubo avances reales sobre Ormuz, las rentabilidades de la deuda siguieron tensionándose y la cumbre entre Trump y Xi decepcionó al no ofrecer avances en semiconductores que parte del mercado ya descontaba.

El primer foco de presión llegó desde la renta fija. La deuda global sufrió nuevas ventas ante el temor de que la energía mantenga la inflación elevada durante más tiempo. El Treasury estadounidense a diez años alcanzó el 4,63%, tras subir 23 puntos básicos en la semana, mientras el bono a treinta años llegó al 5,159%. En Japón, las rentabilidades tocaron máximos no vistos desde 1996, reforzando la idea de que el ajuste ya no es exclusivamente estadounidense. Las curvas largas del G7 se están moviendo al unísono y empiezan a condicionar el comportamiento del resto de activos.

El segundo elemento clave fue el petróleo. Durante varios días, el mercado alternó alivio y tensión según los titulares sobre Irán. Sin embargo, el fin de semana volvió a deteriorar el escenario. Los nuevos ataques con drones en el Golfo, el cierre casi total de Ormuz y las advertencias de Trump a Irán impulsaron el Brent por encima de los 111 dólares y el WTI cerca de 108. Más importante aún, los futuros a varios meses también repuntaron, señal de que el mercado empieza a descontar una disrupción más prolongada y no un episodio puntual.

La tercera pieza, y probablemente la más importante para explicar el mal comportamiento bursátil del viernes, fue la decepción tecnológica tras la cumbre de Pekín. La presencia de grandes ejecutivos y las expectativas de posibles avances en restricciones de chips habían alimentado la idea de algún gesto hacia el sector, especialmente en torno a Nvidia y las exportaciones a China. Sin embargo, la reunión terminó sin acuerdos relevantes ni señales claras de desbloqueo. El mercado había anticipado parte de ese escenario positivo y reaccionó deshaciendo posiciones: los semiconductores corrigieron globalmente y las caídas afectaron a Nvidia, AMD, Intel y buena parte de la cadena asiática y europea.

Esto introduce un matiz importante en la narrativa de la inteligencia artificial. No se cuestiona la demanda estructural de chips —Nvidia presenta resultados esta semana y sigue siendo la principal referencia del rally tecnológico—, pero el viernes recordó que la tesis de la IA no depende solo de beneficios y centros de datos. También está condicionada por la política comercial, el acceso al mercado chino y la estabilidad de las cadenas de suministro. Con valoraciones tan exigentes, la ausencia de noticias positivas pesa casi tanto como una noticia negativa.

Europa volvió a mostrar fragilidad. El STOXX 600 cayó un 1,5% el viernes, mientras el DAX cedió un 2,1%, cerrando la semana en negativo. La presión no vino solo por la corrección tecnológica, sino por una combinación incómoda: energía cara, inflación importada, venta de bonos y deterioro de los sectores cíclicos. Las tecnológicas europeas también sufrieron, con ASML y Aixtron perdiendo terreno, mientras bancos y materiales profundizaron las caídas.

En este contexto, la reunión del G7 en París adquiere especial relevancia. Los ministros abordarán la situación en Ormuz, la volatilidad en los mercados de deuda, las tensiones comerciales y la dependencia de materias primas críticas. Japón ya había advertido que el repunte de las rentabilidades en su mercado, así como en Estados Unidos y Reino Unido, sería uno de los principales temas de discusión.

De cara a hoy, la lectura es clara. Si las tires largas logran estabilizarse, la tecnología podría recuperar parte del terreno perdido, especialmente antes de los resultados de Nvidia. Sin embargo, el mercado afronta la semana con menos margen de error: el petróleo vuelve a presionar, los bonos han dejado de acompañar y la cumbre Trump-Xi confirmó que el frente de semiconductores sigue bloqueado. La inteligencia artificial continúa siendo el principal soporte de la renta variable, pero ahora necesita algo más que entusiasmo: beneficios sólidos, estabilidad comercial y un coste del dinero que deje de tensionarse.

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