La sesión de ayer dejó una lectura más útil si el foco se desplaza desde la geopolítica hacia su principal consecuencia financiera: las expectativas de tipos de interés. El bloqueo entre Estados Unidos e Irán no es nuevo y el mercado lleva semanas reaccionando a cada titular sobre Ormuz, pero lo que sí se está intensificando es el impacto sobre los bancos centrales. El repunte del petróleo vuelve a alimentar las expectativas de inflación y reduce el margen de la Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra para relajar la política monetaria. El Brent volvió a subir el lunes y esta mañana rondaba los 105 dólares después de que Trump calificara la tregua con Irán como “en soporte vital”.
En Estados Unidos, el cambio de narrativa es cada vez más evidente. El mercado prácticamente ha eliminado la expectativa de recortes de tipos este año. Bank of America ya no prevé bajadas de la Fed en 2026 y retrasa sus previsiones a julio y septiembre de 2027, mientras Goldman Sachs sitúa ahora la primera bajada en diciembre de 2026. No se trata solo de un ajuste técnico del calendario, sino de un cambio en la interpretación del conflicto. Hace unas semanas, el mercado asumía que un petróleo más caro acabaría dañando el crecimiento y obligaría a la Fed a actuar. Ahora domina la idea contraria: si la energía mantiene viva la inflación, bajar tipos será mucho más difícil.
El mercado de bonos reflejó ese ajuste con claridad. El Treasury a 10 años subió 4,6 puntos básicos hasta el 4,41%, el bono a 30 años avanzó al 4,98% y el dos años —más sensible a las expectativas de la Fed— repuntó casi seis puntos básicos hasta el 3,95%. La clave no es tanto la subida de las rentabilidades como su consolidación en niveles incompatibles con una narrativa de recortes rápidos. El mercado empieza a descontar que el conflicto puede prolongar las presiones inflacionistas y obligar a mantener los tipos altos durante más tiempo.
Europa se mueve en la misma dirección, aunque con una vulnerabilidad mayor por su dependencia energética y su menor crecimiento. El STOXX 600 cerró prácticamente plano, pero el trasfondo fue menos cómodo. La subida del crudo vuelve a presionar los costes empresariales, especialmente en transporte, ocio y consumo, y el mercado ya descuenta dos subidas de 25 puntos básicos del BCE antes de septiembre, con una elevada probabilidad de una tercera antes de final de año. Ahí está el principal cambio respecto a meses anteriores: en Europa ya no se debate solo cuándo dejará de moderarse la inflación, sino si el BCE tendrá que endurecer de nuevo su política para evitar efectos de segunda ronda.
La renta variable estadounidense continúa resistiendo mejor gracias al apoyo de los beneficios empresariales y del impulso de la inteligencia artificial. El S&P 500 y el Nasdaq cerraron ayer en nuevos máximos, con el índice de semiconductores avanzando un 2,6% y un 83% de las compañías del S&P 500 superando expectativas. Sin embargo, la lectura es menos sólida de lo que sugieren los índices: la amplitud del mercado fue negativa y las subidas volvieron a concentrarse en un grupo reducido de valores. En otras palabras, los buenos resultados siguen compensando el endurecimiento financiero, pero no lo neutralizan.
El dato clave de hoy será el IPC estadounidense. Si confirma que el encarecimiento de la energía empieza a trasladarse con más claridad a la inflación, la presión sobre los bonos podría intensificarse y dificultar que Wall Street siga conviviendo con tipos elevados. Si, por el contrario, la inflación subyacente ofrece señales de moderación, el mercado podría mantener la idea de que el conflicto sigue siendo manejable mientras los resultados empresariales acompañen.
La conclusión para la jornada es clara: el riesgo geopolítico ha dejado de ser únicamente un problema de petróleo o sentimiento. Su impacto real está trasladándose a las curvas de tipos. Mientras Ormuz siga bloqueado y el crudo permanezca en niveles elevados, las expectativas de recortes seguirán alejándose y las rentabilidades de la deuda tendrán difícil relajarse de forma sostenida. Ese es el verdadero límite del rally actual: los beneficios empresariales pueden sostener las bolsas durante un tiempo, pero si los bancos centrales vuelven a quedar atrapados por la inflación energética, el coste del dinero volverá a imponer disciplina.
