La sesión de ayer confirmó con mucha más fuerza lo que ya empezó a insinuarse el martes: el mercado ha decidido volver a centrarse en tecnología, beneficios empresariales y gasto en inteligencia artificial, siempre que la guerra en el Golfo no vuelva a escalar de forma inmediata. El cambio de narrativa fue total y simultáneo: el petróleo cayó con fuerza, las bolsas mundiales marcaron máximos históricos y los semiconductores regresaron al modo euforia.
El detonante fue el giro geopolítico. Tras varias jornadas dominadas por el miedo a una interrupción energética, el mercado pasó a descontar una posible desescalada entre Washington y Teherán. Reuters informó de que ambas partes estarían cerca de un memorando para reducir tensiones y reabrir gradualmente el tráfico marítimo en la región. La reacción fue inmediata: el Brent llegó a desplomarse más de un 8%, acercándose de nuevo a los 100 dólares y eliminando buena parte de la prima de riesgo acumulada durante las últimas semanas.
Ese movimiento permitió recuperar la narrativa que realmente ha sostenido a las bolsas durante 2026. Wall Street volvió a cerrar en máximos históricos: el S&P 500 avanzó un 1,5% y el Nasdaq un 2%, impulsados por un nuevo rally en semiconductores y valores vinculados a la inteligencia artificial. La gran protagonista fue AMD, que se disparó cerca de un 19% tras presentar previsiones muy superiores a las esperadas en centros de datos e infraestructura de IA. El índice de semiconductores SOX subió un 4,5% y acumula ya más de un 60% de revalorización en lo que va de año.
Sin embargo, lo más relevante no fue únicamente la subida de ayer, sino lo que revela sobre la mentalidad actual del mercado. Hace apenas dos sesiones, el petróleo parecía capaz de arrastrar a toda la renta variable global. Ahora, una simple señal de tregua basta para que el capital regrese masivamente al sector tecnológico. Reuters también destacó que el crecimiento esperado de beneficios del S&P 500 para el primer trimestre supera ya el 28%, el ritmo más fuerte desde 2021. En otras palabras, el mercado vuelve a sentirse cómodo pagando valoraciones exigentes porque sigue confiando en una combinación de beneficios sólidos y expansión estructural de la inteligencia artificial.
Europa también participó en el rally, aunque con matices importantes. El STOXX 600 subió alrededor de un 2,1%, impulsado principalmente por bancos, industriales y compañías especialmente castigadas por el reciente shock energético. La lógica era clara: si el petróleo deja de presionar y el estrecho de Ormuz recupera cierta normalidad, Europa es una de las regiones que más puede beneficiarse. Aun así, persiste una diferencia clave frente a Estados Unidos: las bolsas europeas dependen mucho más de que el crudo siga relajándose para sostener el rebote. Barclays resumió bien esa idea al advertir de que será difícil que Europa mantenga las subidas si la energía vuelve a tensionarse.
En Asia, el optimismo fue incluso más intenso. El Nikkei superó por primera vez los 62.000 puntos tras el parón festivo, el MSCI Asia-Pacífico marcó nuevos récords y el KOSPI surcoreano rompió los 7.000 puntos gracias al impulso de Samsung, que ya supera el billón de dólares de capitalización bursátil. El patrón vuelve a ser evidente: mientras Estados Unidos lidera la narrativa de beneficios, Asia se está consolidando como el gran vehículo bursátil del auge global de chips y hardware para inteligencia artificial. Reuters señalaba esta mañana que es precisamente en Asia donde el boom de la IA está teniendo un impacto más visible este año.
De cara a hoy, el mercado mantiene un tono claramente favorable al riesgo, aunque con una dependencia muy concreta: que el petróleo continúe relajándose. El trasfondo geopolítico no ha desaparecido; Ormuz sigue representando un riesgo y nadie puede garantizar que las negociaciones con Irán terminen consolidándose. Sin embargo, la sensación dominante es que el peor escenario ha quedado atrás.
Si el Brent logra estabilizarse cerca de los 100 dólares o incluso por debajo, la combinación de beneficios sólidos y entusiasmo por la inteligencia artificial puede seguir impulsando las bolsas globales. Pero si el crudo vuelve a girarse con fuerza al alza, el equilibrio volverá a romperse rápidamente. Esa sigue siendo la línea que separa la continuidad del rally de una nueva sacudida en los mercados.
